LA HERMOSURA DE CRISTO LA HERMOSURA DE CRISTO

05.02.2014 13:30
 
 
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LA HERMOSURA DE CRISTO
 
Por Thomas Watson
 
 
<Cantares 5:16: ¡Todo él es codiciable!>
En este libro (el libro de los Cantares), el cual es un epitalamio divino, o
cancionero de bodas, se hallan todas las cepas del amor santo expresado en las
más puras metáforas y alegorías, que representan aquella unión y aquel
entrañable afecto entre Cristo y su Iglesia. El texto no es otra cosa sino aquel
suspirar de amor de la esposa hacia Cristo “… ¡Todo él es codiciable!...”. En los
versículos anteriores la esposa ya había realizado sus panegíricos (himnos)
sagrados, y se había establecido con Cristo en su bordado espiritual.
“Mi amado es blanco y rubio” (vs.10a). Esto denota una complexión perfecta;
en él se haya la combinación de los colores más puros; es de belleza sin
mancha.
 
“Señalado entre diez mil” (vs.10b). Del hebreo significa “el abanderado de entre
diez mil”: el estandarte (del abanderado), es la enseña de un guerrero, y aquel
que en la antigüedad portaba el estandarte, era la persona más eminente del
ejército. Así, Cristo es la persona de renombre más gloriosa, el abanderado
(quién porta el estandarte). Conforme a esto, dice Isaías 11:10: “… Él estará
puesto por pendón (insignia) a los pueblos…”
 
 
 
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“Su cabeza como oro finísimo” (vs.11a). Los reyes tienen coronas de oro; Cristo
es descrito aquí con una cabeza dorada. Del hebreo significa oro reluciente, o
brillante, para expresar el infinito resplandor de la hermosura de Cristo. Se trata
de un brillo tan reluciente que los ángeles se disponen bien a usar un velo.
“Sus ojos, como palomas…” (vs.12.a). Cristo es descrito con ojos como de
llama de fuego en Apocalipsis 1:14. Así que sin duda tiene esos ojos para con
los impíos: “es fuego consumidor”; pero para con sus hijos tiene ojos como
palomas (palomas junto a los arroyos de las aguas), las cuales son el emblema
de la mansedumbre. Tiene ojos que derraman lágrimas de amor y compasión.
“Sus mejillas, como una era de especias aromáticas…” (vs.13.a). Un perfume
aromático proviene de Él para refrescar al alma desfalleciente. Algunos
expositores entienden que esta “era de especias” vendría a ser la fragancia de
sus virtudes, las cuales se encuentran en las escrituras comparadas con dulces
ungüentos.
 
Así la esposa continúa descifrando, enumerando, la hermosura de Cristo. Al
final, hallándose en un sagrado éxtasis del Espíritu, termina todo con esta
epifonema, la apasionada raíz de sus afectos; “Su paladar, dulcísimo, y todo él
codiciable”
 
“Su paladar es dulcísimo…”; la versión caldea lo parafrasea: <las palabras de su
paladar, son tan dulces como la miel>, y del hebreo: <dulzuras son su boca>.
Esta boca debe ser necesariamente dulce porque tiene palabras de vida eterna
(Juan 6:68). Esta boca debe ser dulcísima; un beso de aquellos labios pueden
hacer que la muerte le sea dulce al creyente. Bien puede la esposa decir; “!Oh,
si él me besara con besos de su boca!” (Cantares 1:2)
“Si, todo él es codiciable”; es como si la esposa dijera, ¿Qué debo hacer para
describir a Cristo, para expresarlo en su plenitud?, su cabeza de oro, sus ojos
como palomas, sus manos como anillos de oro engastados de jacintos, su
cuerpo como claro marfil cubierto de zafiros, y todo lo demás… ¡Ay!, ¿qué es
todo esto que he estado diciendo acerca de Cristo? ¡Cuán estéril es mi
descripción, y que torpes son mis expresiones! Cualquier cosa que haya dicho
de Él, cae infinitamente por debajo de su valor; pero afirmo: “TODO ÉL ES
CODICIABLE”.
 
Del original es, <Él está conformado en su plenitud de amores y placeres, Él es
todo cuanto puede encender el deseo>. Así que Jerónimo y Ambrosio
escribieron; “Está compuesto de dulzura y afabilidad”. También así lo expuso
Gregory Nyssen.
 
 
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El texto que puedes apreciar contiene una gloriosa y magnífica descripción de
Cristo; “Todo él es codiciable”. He aquí una fuente llena de agua de vida; y
cualquiera que traiga su barco aquí, un corazón listo para recibir de esta agua,
puede ser refrescado, así como la mujer samaritana acudiendo al pozo de
Jacob, por cuanto Cristo está aquí. El texto es un armario sagrado, el cual
contiene, primeramente la joya, Cristo, en esta palabra “él”, y en segundo
lugar, el valor de esta joya “enteramente codiciable”.
La verdad resultante de estas palabras es ésta: qué Jesucristo es superlativa e
infinitamente codiciable.
 
Es el más deleitoso y asombroso objeto; el nombre en sí de Jesucristo es como
un precioso ungüento derramado. Se dijo que las letras de este nombre se
encontraron grabadas en el corazón de Ignacio. Jesucristo está en el corazón
de cada creyente, (Col.1:27) Cristo está en ti; y nada puede ser mejor, porque
“todo Él es codiciable”.
 
Todo este libro de Cánticos está adornado con las alabanzas de Cristo. Puede
que Homero haya alabado a Aquiles, y Hierome haber elogiado a Nepociano;
pero ¿quién podrá establecer alabanzas para Cristo? Todo lo que pueda decir,
no será más que una sombra oscura en el retrato; y sin embargo, será tanto
como pueda representarle en su gran hermosura. El hecho de que Cristo es,
pues, trascendentalmente hermoso, aparecerá de cuatro maneras distintas:
1-por títulos, 2-por caracteres, 3-por semejanzas, y 4-por demostraciones.
1- Por títulos, los cuales son las muchas joyas sobre su corona; es
llamado “el Deseado de todas las naciones” (Hag.2:7), “el Príncipe de
paz” (Isa.9:6) “El Santo de Dios” (Hech.2:27), y “el elegido y precioso”
(1ªPedro 2:6). ¡Estos son títulos adorables!
2- Por caracteres (analogías). Él fue prefigurado por caracteres
(tipificaciones) encantadores, ya sean los mismos de personas o de
cosas.
 
1. Cristo fue caracterizado, tipificado, por los personajes más
encantadores. Nombraré a tres de ellos.
Moisés prefiguró y caracterizó a Cristo de cuatro formas:
a) En su belleza natural; era un niño hermoso (Éxodo 2:2). Josefo dijo:
“Moisés era tan bello, que atrajo los ojos de todos sobre él, y aquellos
que le veían se quedaban asombrados de su belleza, y se llenaban de
ella con tanto deleite, que ya no estaban dispuestos a mirar hacia otro
lado.” Y he aquí que de esta forma fue un tipo de Cristo, en quien están
todas las bellezas más relucientes para ser halladas. Todo Él es
codiciable.
 
b) Moisés fue un tipo de Cristo en cuanto a su educación; fue en criado
 
 
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en la corte real durante un tiempo, y como dijo Josefo, la esposa del
faraón puso una corona de oro sobre su cabeza. Pero dejando la corte,
fue y habito en la tierra de Madián (Éxodo 2:15). Así, Cristo dejó la corte
real de los cielos, para venir y vivir en este mundo.
c) Moisés fue un tipo de Cristo respecto a su oficio; fue un profeta. “Y
nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés a quien haya
conocido Jehová cara a cara.” (Deut.34:10). Conoció a Israel con la
mente de Dios, le dio las dos tablas de la ley. Así también Jesucristo es
un profeta (Lucas 24:19); Él revela a los misterios de la salvación. Él
desenrolla el libro de los decretos de Dios, y hace conocer su voluntad
(Apocalipsis 5:5). “Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado
digno éste…” (Heb.3:3).
 
d) Moisés fue un tipo de Cristo en cuanto a sus nobles actos; para su
pueblo fue un libertador de la opresión de Egipto. Era un salvador
temporal. Así también el nombre de Jesucristo, significa el Salvador;
“…salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mat.1:21)
Moisés era un intercesor para Israel, y alejo la ira de Dios que recaía
sobre ellos (Números 14). De esta manera, Cristo, es el abogado de los
santos, “el que también intercede por nosotros” (Rom.8:34)
Fue también caracterizado por David:
a) David fue un Rey. Así está también Cristo vestido con poder real,
noble; él es un Rey para gobernar a los suyos (Ap.15:3), y para
conquistar/someter a sus enemigos (Sal.110:1).
b) David fue un hombre “conforme al corazón de Dios”. Esto, prefiguraba
a Cristo, en quien Dios tenía complacencia (Mat.3:17)
Cristo fue caracterizado por Salomón:
a) En su nombre, el cual significa “pacífico”; así también Cristo es
llamado “Príncipe de Paz” (Isa.9:6). Esto proclamaban los ángeles al
momento de su encarnación, “… y en la tierra paz” (Luc.2:14). Todas sus
guerras tienden a la paz. Él da de esa paz la cual sobrepasa todo
entendimiento.
 
b) Salomón caracterizó a Cristo por su gobierno. Su gobierno fue el
reinado más próspero (2ªCrónicas 9:22). El rey Salomón sobrepasó a
todos los reyes de la tierra en riquezas; así el reinado de Cristo es
demasiado glorioso, todos sus súbditos son hechos reyes. Reina en cielos
y tierra; “y su reino no tendrá fin”.
c) Salomón caracterizó a Cristo en su sabiduría. Era el oráculo de su
época (2ªReyes 4:31). Era más sabio que todos los demás hombres. Así,
pues, recibió Cristo la unción de su Padre. Un Espíritu de sabiduría y
santidad había sido derramado sobre Él sin medida (Juan 3:34,
 
 
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Isa.11:2). ¡Mirad! “uno mayor que Salomón está aquí”. De esta manera
Jesucristo fue prefigurado (caracterizado) por aquellos, quienes fueron
los personajes más encantadores.
Cristo fue caracterizado por las cosas más hermosas. Lo expondré solo
en cinco cosas.
 
1ºCarácter. Cristo fue tipificado por la columna de nube y de fuego, la
cual fue el conductor y la guía para Israel en el desierto (Éxodo 13:21).
Esto caracterizó a Cristo, nuestra columna de nube, “para encaminar
nuestros pies por camino de paz” (Luc.1:79). La nube era infalible
porque Dios estaba en ella. Así sucede con Cristo, quien es el camino y
la verdad (Jn.14:6) ¡Cuán hermosa es esta columna al contemplarla!
2ºCarácter. Por el mana. Esto señala a Cristo. Él es como el mana en
tres aspectos.
 
-La figura del mana era circular; “He aquí una cosa menuda, redonda…”
(Éxodo 16:14). El círculo es una figura de perfección; esto caracteriza a
Cristo en quien habita toda perfección.
 
- El mana era un alimento preparado para Israel de una manera
extraordinaria, así la palabra Hebrea (de donde parece ser que deriva
<mana>) significa “preparar”. Era un alimento cocinado y decorado en
el cielo. Dios mismo lo preparaba, para entonces servirlo. Así Jesucristo
es como el mana, fue preparado y puesto aparte por su Padre para la
bendita obra de mediación; “…me preparaste cuerpo.” (Heb.10:5).
- Los rabinos judíos decían que el mana se adecuaba a todos los
paladares; todo cuanto se deseara, se encontraba en el maná. Así,
Jesucristo se adecua a la condición (situación) de cada cristiano; está
lleno de vivificación, de fortalecimiento, y de virtud reconfortante ¡Cuán
necios son aquellos que prefieren al mamón de este mundo antes que a
este mana celestial!
3º Carácter. Por el propiciatorio, el cual fue un emblema o jeroglífico
sagrado, representando la misericordia de Dios para con su pueblo.
Desde allí el Señor dio palabras y respuestas de paz a los suyos; “Y de
allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio...”
(Éxodo 25:22). Este propiciatorio fue una tipificación (representación) de
Cristo, por quien en, y a través de, la ira de Dios hacia nosotros es
mitigada. De hecho Él es llamado como la propiciación (Rom.3:25) ¡Oh,
cuan adorable es este propiciatorio! No podríamos acudir a Dios en
oración, ni él podría tener comunión con nosotros, si no fuera por este
bendito propiciatorio. La palabra hebrea para <propiciatorio> significa
“cobertura”, para mostrar que en Cristo los pecados de los creyentes
están cubiertos.
 
 
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4º Carácter. Cristo fue prefigurado por la serpiente de bronce
(Números 21:9). Dicha figura se asemeja a Cristo de dos formas.
1-Estaba hecho como si fuera una serpiente – pero no era una serpiente
real. Así, Cristo estaba “en semejanza de carne de pecado” (Rom.8:3),
pero no era un pecador; fue echo pecado, pero no conoció pecado.
Cristo era tan carente, tan vacío, de pecado alguno, como la serpiente
de bronce carecía de la capacidad de picar.
 
2- Cuando el pueblo de Israel era mordido por las serpientes ardientes
(Núm.21:6), sucedía que cualquiera que fijara su mirada en la serpiente
de bronce, era sanado. Así sucedió cuando el pecado picó al alma del
hombre (ya que es una serpiente de cinco tipos de picadura: pica al
hombre con culpa, vergüenza, el horror de la conciencia, muerte, y la
maldición de Dios); entonces Cristo, la serpiente de bronce, siendo
mirado por los ojos crédulos penitentes, le sana de esa picadura de
muerte. ¡Oh, cuan adorable es esta serpiente de bronce! Muchos de
entre los Judíos (decía Tostatus) adoraron a la serpiente de bronce
(2.Rey.18:4); ¡Qué nuestros corazones adoren a ésta serpiente de
bronce, Cristo el Señor!
5º Carácter. Cristo fue tipificado por el arca de Noé, la cual los salvó a
Noé y a su familia del diluvio. Así, cuando la ira de Dios, como un diluvio,
caiga sobre los impíos, Cristo es el arca en la cual los cristianos
navegarán por sobre las olas sangrientas, y serán guardados para no
ahogarse.
 
¿No es el Señor Jesús infinitamente adorable? Todas estos objetos no
fueron sino para ser una sombra y prefigurar las excelencias divinas de
Cristo, y hacerlo encantador en nuestros ojos.
3- Que Cristo es así de hermoso, se muestra por aquellas cosas a
las cuales la Escritura lo asemeja. Es comparado por las cosas más
ilustres. Hay siete preciosas semejanzas de Cristo en las Escrituras.
1- Es asemejado a una Rosa; “Yo soy la rosa de Sarón” (Cant.2:1). La
rosa es la princesa de entre las flores: es la más deliciosa debido a su
color y aroma – para mostrar el fragante perfume que sale de Cristo.
Todas las rosas, aunque hermosas, tienen sus espinas; solo la Rosa de
Sarón no las tiene. Tan dulce es esta rosa paradisiaca, que nos convierte
en olor grato para Dios (2.Cor.2:15). ¡Esta Rosa, jamás ha perdido su
fragancia o color! ¿y no es esto muy hermoso?
2- Cristo es comparado a una Vid (Juan 15:1). La vid, como dijo Plinio,
es la más noble de entre las plantas; y a ésta, Cristo es asemejado. ¡Oh
cuan hermosos racimos crecen sobre esta Viña! Los frutos de la
justificación, santificación, etc. Estos racimos de uvas, cuelgan desde el
(en el) Señor Jesús. Estamos en deuda con esta Vid; “de mí será hallado
 
 
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tu fruto” (Oseas 14:8). Aún más, Cristo exalta a la vid. Porque aunque
haya muchas cosas que puedan usarse del árbol de la vid, además de
sus frutos, tales como las hojas, la sabia, las cenizas de la vid, aun así, la
madera (el tronco) de la vid es inútil; “ ¿Tomarán de ella madera para
hacer alguna obra? ¿Tomarán de ella una estaca para colgar en ella
alguna cosa?” (Ez.15:3)
Ahora bien, Cristo es mucho más precioso que el árbol de la Vid; no hay
nada en Cristo lo cual no sea útil. Tenemos necesidad de su naturaleza
humana, tenemos necesidad de su naturaleza divina; necesitamos de sus
oficios, influencias y privilegios; no hay absolutamente nada en esta Vid
de lo cual podamos prescindir. ¡Oh, cuan bendecidas son las ramas de
esta Vid! La virgen María no fue salva por haber llevado esta Vid (en su
vientre), sino por haber sido injertada en ella.
3- Cristo es asemejado a una piedra angular (1 Pedro 2:6) en dos
aspectos;
a. El peso de toda la construcción (de todo el edificio), recae, se posa,
sobre esta Piedra-angular. Solo así, todo el peso de nuestra salvación
recae sobre (se encuentra en) Cristo (1.Cor.3:11-12).
b. La Piedra-angular entreteje y une conjuntamente ambas partes del
edificio. Solo así, cuando Dios y el hombre estaban en desacuerdo,
Cristo, como la piedra del ángulo, los unió conjuntamente; Sí, y lo ha
consolidado todo con su propia sangre. ¡Oh, cuan preciosa y adorable es
esta Piedra!
4- Es comparado con una Roca; “… y la roca era Cristo.” (1.Cor.10:4).
Es una Roca en tres sentidos distintos;
a- Es una Roca de escándalo. La roca rompe las olas; para la Iglesia,
siendo construida sobre Cristo, todos los enemigos que vengan en su
contra, serán como un barco que se dirige a toda vela directo contra una
roca.
 
b- Una Roca de defensa; las palomas se ocultan en la roca, “Paloma mía,
que estás en los agujeros de la peña” (Cantares 2:14). Las heridas de
Cristo, son los agujeros de la roca en donde el alma del creyente, tal
como la paloma, se refugia.
 
c- Una Roca de consuelo, y lo veremos de dos maneras;
Primero, la Roca es como una pantalla para dar sombra del calor. Él le
proporciona sombra al pobre pecador de la ardiente ira de Dios.
Segundo, la miel salió de la roca, “E hizo que chupase miel de la peña,
Y aceite del duro pedernal” (Deut.32:13). La miel de las promesas, y el
aceite de la alegría salen de ésta bendita Roca.
5- Cristo es comparado a “arroyos de aguas en tierra de sequedad”
(Isa.32:2). Cuando por naturaleza éramos un desierto ardiente, seco y
árido, Cristo, nos envía las influencias sagradas de su sangre y Espíritu,
 
 
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dejándonos como los campos de Sharon, llenos de humedad y fertilidad.
¿Y no son estos arroyos de plata encantadores?
6- Cristo es asemejado a un Rico Tesoro. Las riquezas, son encantadoras
a los ojos de los hombres; “las inescrutables riquezas de Cristo” (Efesios
3:8); los ángeles nunca podrán cavar hasta el fondo de esta mina de
oro. Cristo tiene el verdadero monopolio, porque Él tiene esas riquezas,
las cuales no pueden ser halladas en ningún otro lugar. Las riquezas de
sus méritos y las riquezas de su Espíritu. Cristo tiene un común acuerdo
(una asociación) con el Padre. “Todo lo que tiene el Padre es mío”
(Jn.16:15). Está coronado con las riquezas de la Deidad. Alexander ya no
considera el reino de Macedonia al escuchar de las riquezas de India; el
cristiano despreciará, en cierto modo, todas las otras riquezas cuando
tenga las riquezas de Cristo (Fil.3:8).
 
7- Cristo es comparado a un hermoso Manto. “me rodeó de manto de
justicia” (Isa.61:10). Jerónimo interpreta lo siguiente en cuanto a Cristo:
Su justicia es un hermoso manto; no un manto de oro o armiño, con los
cuales se visten los reyes. Es así de honorable: en su manto, brillamos
como ángeles ante los ojos de Dios. La gloriosa vestimenta del sumo
sacerdote (Éxodo 28:2); la mitra, el manto, el efod de oro, y la coraza de
piedras preciosas, no fueron sino, solo para expresar el hermoso manto
de la justicia de Cristo, con el cual todo creyente es adornado.
Así, Cristo se muestra adorable en todas estas semejanzas, las cuales
pueden, de manera débil (limitadamente), otorgar una sombra de Su
belleza.
 
4- La hermosura de Cristo s pone de manifiesto mediante
demostraciones; por dos en particular
Es adorable 1- en sí mismo, y 2-en la consideración de otros.
1- Es adorable en sí mismo; y esto de cinco maneras:
a- Como ser humano. “Eres el más hermoso de los hijos de los
hombres…” (Salmos 45:2). El hebreo enfatiza en la forma, lo cual denota
excelencia en la belleza: pues aunque se dijo que no había hermosura en
Él (Isa.53:2), se decía en cuanto a sus aflicciones, que tanto le
desfiguraban, y por así decirlo, dibujo un velo sobre su gloria. Sin
embargo, y sin duda alguna, la persona de Cristo fue
incomparablemente hermosa, como observan Jerónimo y Crisóstomo; y
si su cuerpo sobre la tierra fue tan hermoso, ¡cuán hermoso será ahora
en los cielos! El apóstol lo llama “un cuerpo glorioso” (Fil.3:21). Si Cristo
puede hacer a un lirio del campo más hermoso que Salomón en todo su
esplendor ¿Cuán precioso es Él en sí mismo? ¿Cuán blanco es el lirio que crece en el paraíso?
 
b- La persona de Cristo es adorable tal como que es Dios hecho hombre.
No puede ser comparado de forma apropiada con la escalera de Jacob,
la cual iba de la tierra al cielo. La naturaleza humana de Cristo, la cual
fue la base de la escalera, se asentó sobre la tierra; su naturaleza divina,
la cual es la cima de la escalera, alcanzó el cielo. Los arrianos y
socinianos, niegan su deidad, tal como los valentinianos niegan su
hombría. Si la deidad está en Él, necesariamente tiene que ser Dios, pero
la Divinidad resplandece en Él; “Porque en él (Jesucristo) habita
corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Col.2:9).
Y para confirmarnos de ésta verdad, consultemos con aquellas escrituras
que confirman claramente su deidad (divinidad):
1 Corintios 8:6; “para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre,
del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor,
Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio
de él.”
 
Filipenses 2:6; “el cual, siendo en forma de Dios…”, lo cual es tanto, dice
Basilio, tal como existir en la esencia misma de Dios.
1 Timoteo 3:16; “Dios fue manifestado en carne”
y 1 Juan 5:20; “y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es
el verdadero Dios, y la vida eterna.”
Además del testimonio de las Escrituras, los cuales afirman
expresamente la divinidad de Cristo, la misma puede ser claramente
demostrada por aquellas propiedades incomunicables pertenecientes a la
deidad, que se atribuyen a Cristo, y son las flores de su corona.
Omnipotencia (Hebreos 1:3);
Omnisciencia (Marcos 2:8);
Omnipresencia (Mateo 28:20);
Potestad para otorgar el perdón (Mateo 9:6)
El don del Espíritu Santo (Juan 16:7);
Igualdad con Dios el Padre (Filipenses 2:6); iguales en poderío (Juan
5:19, 21) y en grandeza (Juan 5:23).
Así vemos su deidad ya demostrada; y así, como Dios hecho hombre, Él
es todo codiciable. Es la misma imagen de la Gloria de su Padre;
consecuentemente, es llamado como la imagen misma y el carácter de
Su persona (de la persona del Padre) en Hebreos 1:3. El mismo retrato,
y la misma imagen del rostro de Dios son vistas en Cristo; la gloria de la
sabiduría de Dios, su santidad y su misericordia, la cual brilla de manera
más transparente en Él (en su clímax). Así, su persona es adorable.
 
 
c- Cristo es hermoso en su carácter. Una buena naturaleza, es apta para
hacer que la deformidad en sí, sea algo lindo. Cristo es hermoso, no solo
en su complexión, sino también en su carácter, su disposición; es de una
disposición amorosa y misericordiosa, y en este sentido puede ser
llamado – el deleite de la humanidad -
Se dice de Marco Aurelio, el emperador, que tenía un temperamento
encantador y afable, dado a la clemencia, y que cada día establecía una
hora aparte para escuchar a los pedidos de los pobres. Aun así,
Jesucristo es de una disposición más dulce. “No contenderá para
siempre, ni para siempre guardará el enojo” (Sal.103:9). Es inclinado a
mostrar misericordia al arrepentido. “Se deleita en misericordia”
(Miqueas 7:18). Invita a los pecadores a acudir a Él (Mateo 11:28). Les
ruega para que sean salvos (2 Cor.5:20). Llama a sus corazones
mediante su Espíritu hasta que su cabeza se cubra de rocío y sus
cabellos de las gotas de la noche (Apocalipsis 3:20). Si una pobre alma
acepta su oferta, y se levanta y se va con Él - ¡Cristo le da la bienvenida!
Cristo hace la fiesta (Lucas 15:23) y los ángeles la música (vs.7). Pero si
un hombre rechaza los ofrecimientos de la gracia, Cristo se afligirá
(Marcos 3:5). Es como un Juez que determina el veredicto, pero con
lágrimas en sus ojos; “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró
sobre ella” (Lucas 19:41). Oh pecadores, he venido a salvarlos, pero
ustedes mismos han hecho a un lado la salvación; traigo la medicina
bajo mis alas, pero ustedes le dan la espalda a su médico: ya quisiera yo
que abran sus corazones para recibirme, y yo abriría los cielos para que
ustedes sean recibidos. Pero ustedes prefieren seguir en sus pecados y
morir, antes que venir a mí para que tengáis vida; “Pero mi pueblo no
oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí.” (Sal.81:11). Bueno, pecadores,
lloraré en sus funerales: ¡Oh, cuan hermoso es Cristo en su disposición!
Viene con su aceite para abastecer y derramarlo sobre las heridas de los
pecadores. El gustosamente rompería sus corazones con sus
misericordias. Él se esfuerza por superar las maldades de ellos con sus
bondades.
 
d- Es hermoso en sus padecimientos cuando realizó la expiación por
nuestros pecados. ¿Pero, que hermosura hay en sus sufrimientos?
¿Acaso le vemos hermoso cuando fue abofeteado, escupido y
ensangrentado? ¡Oh sí!, fue mucho más hermoso sobre esa cruz, porque
es allí donde mostró el más grande amor para con nosotros. Emanaba
amor de cada vena; sus gotas de sangre eran gotas de amor. Cuanto
más sangriento, más hermoso. Cuanto más Cristo soportó por nosotros,
más amado debe ser para nosotros. Osorius, escribiendo sobre los
sufrimientos de Cristo, dijo, que la corona de espinas perforo su cabeza
con setenta y dos heridas; y Tully, cuando habla de la muerte de cruz,
nos enseña su mejor retórica por medio de un silencio: “¿Qué voy a decir
de su muerte? Aunque era un gran orador, carecía de palabras para
expresarlo.
 
Cristo no solamente padeció en la carne, sino también en su alma.
Compareció ante la ira de Dios; lo cual jamás podría haber hecho de
haber sido tan solo un simple hombre. Leemos que “el altar de madera
fue cubierto de bronce” para que el fuego del altar no “consumiera la
madera” (Éxodo 27:1-2). Este altar, era figura de Jesucristo. La
naturaleza humana de Cristo, la cual sería la madera, fue cubierta con la
naturaleza Divina, como la madera con el bronce, de lo contrario el fuego
de la ira de Dios, la habría consumido.
 
Y todo lo que Cristo sufrió, fue en nuestro lugar (Isa.53:5). Nosotros
comimos las uvas agrias y sus dientes llevaron la dentera. Nos trepamos
al árbol, hurtamos el fruto prohibido; más Cristo subió camino a la cruz,
y murió.
 
¡Oh, cuan hermoso debería ser el Salvador sangrante a nuestros ojos!
Llevemos esa bendita cruz siempre en nuestros corazones. “La cruz de
Cristo”, dijo Damasceno, “es la llave dorada que nos abre las puertas del
paraíso”. ¡Cuán hermoso es Cristo sobre la cruz! Lo rojizo de su sangre
quito el enrojecimiento de nuestras culpas. ¡Cuán hermosas son esas
heridas que hirieron al dragón rojo! Cuando esta bendita Roca fue
horadada, agua salió de ella para purificarnos, y sangre para avivarnos
(1Juan.5:6).
 
Cuando Cristo estaba en la cruz, dijo Bernardo, la vid fue cortada, y la
salvación vino a nosotros en la sangre de la vid: ¡Oh, cuan hermosa es
esta sangrante Vid! La crucifixión de Cristo, es nuestra coronación.
e- Cristo es hermoso en sus gracias; sus gracias, como un bordado
divino, le embellecen y lo establecen fuera del alcance de los ojos del
mundo. La Gracia no estaba en Cristo como una cualidad, sino en
esencia, así como la luz es propia del sol y es de la misma esencia. Cristo
abrió un recipiente de perfume precioso, y a causa del aroma de sus
ungüentos, las doncellas le aman (Cantares 1:3). En Cristo, hubo una
constelación de todas las gracias; como brilló en sabiduría, humildad,
celo, en su mente celestial, maravillosa; y, algo que no es un adorno
menor, Su Mansedumbre. ¡Cuán hermoso es Cristo en sus gracias!
- El vino al mundo mansamente. “He aquí, tu Rey viene a ti,
Manso…” (Mateo 21:5). No vino con una espada o un cetro en su mano,
sino con un racimo de olivo de paz en su boca, predicando noticias de
paz (Mateo 11:29). Aunque era el León de Judá, sin embargo, era el
Cordero de Dios.
 
 
- Cuando estuvo en el mundo, fue un ejemplo de mansedumbre; “quien
cuando le maldecían, no respondía con maldición” (1Pedro.2:23). Dejo el
seno de su Padre, esa colmena de dulzura, para venir a vivir aquí. Y
verdaderamente, cambió su palacio por el muladar. Cuantas veces fue
llamado “amigo de pecadores”; más aún, le acusaron de tener demonio.
Pero vean cuan apaciblemente responde (esta paloma no tenía amargura
en sí): “Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre”
(Juan.8:49). Todas estas palabras estaban empapadas de dulzura.
- Cuando estaba por partir de este mundo, mostró una humildad
incomparable. Oro por sus enemigos: “Padre, perdónalos, porque no
saben lo que hacen.” (Lucas 23:34). Cuando los soldados vinieron para
tomarle a la fuerza, uno hubiera pensado que habría de llamar fuego del
cielo como el hombre de Dios hizo en 1 Reyes 1:10, pero, he aquí, “la
gracia fue derramada en sus labios” (Sal.45:2). Miren cuan apacible
respuesta da, suficiente para hacer que el corazón más duro sea
ablandado: “¿Cómo contra un ladrón habéis salido con espadas y con
palos para prenderme?” (Lc.26:55) ¿Qué mal, pregunto, te he hecho?
¿Qué he robado del mundo, sino sus pecados? ¿Qué les he quitado, sino
la ira de Dios? ¡Oh, la mansedumbre de este Salvador! Seguramente el
corazón de los soldados había sido demasiado duro (en toda la historia
de la pasión de Cristo no leo que un solo soldado se haya convertido;
hubo un ladrón convertido, pero no un soldado), pues la mansedumbre
de Cristo los hubiera derretido en lágrimas de arrepentimiento.
Cuando fue llevado para ser crucificado, “no abrió su boca; como cordero
fue llevado al matadero” (Isa.53:7). Abrió su costado, mas no su boca
para quejarse; ¿y no es así Cristo hermoso en su mansedumbre? No es
de extrañar que el Espíritu Santo haya descendido sobre Él en forma de
paloma. No en forma de león o de un águila, sino de paloma, la cual es
emblema de la mansedumbre.
 
f- Cristo es hermoso en su hablar. Como fue dicho de David y Jonatán:
“amados y queridos” (2.Sam1:23); mucho más cierto es acerca de Cristo.
Su vida, dijo Crisóstomo, fue más pura que los rayos del sol. Todos los
de la ética de Aristóteles, toda la sabiduría de Grecia, jamás podrían
describir a la virtud como fue vivamente retratada en el ejemplo santo de
Cristo. Su vida era una muestra limpia. Ninguno escrito hay que no tenga
sus manchas sino solo en cuanto a Cristo. Es llamado: “cordero sin
mancha” (1.Pedro1:19). Sus labios jamás hablaron palabras malas o
erradas: “Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados
de las palabras de gracia que salían de su boca” (Lc.4:22):
“Sus labios”, eran “como lirios que destilan mirra fragante.” (Cant.5:13).
Sus pies, nunca dieron un paso en falso.
 
El, quien fue un camino para otros, nunca se salió del sendero de sí
mismo. Era tan puro, que ninguna tentación pudo traspasarlo. La
tentación para Cristo, era como arrojar una freza sobre un vaso de
cristal, la cual no se pega, sino que solo se desliza hacia afuera sin más.
“El príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.” (Juan.14:30). No
hubo polvo que tomar del fuego del diablo. ¿Qué fue toda la vida de
Cristo, sino un ejemplo de buenas obras? “anduvo haciendo bienes”
(Hch.10:38). Siempre estaba ungiendo a los ciegos, o bien sanando a los
enfermos, resucitando a los muertos, predicando, y obrando milagros.
Así que Él es todo codiciable.
 
- Cristo es hermoso en lo que a otros respecta, de tres maneras:
· Es adorable para Dios su Padre. Dios es complacido infinitamente
en Él. Cristo es llamado la Rosa de Sarón ¡Y cuanto se deleita Dios
en oler esta Rosa! “mi escogido, en quien mi alma tiene
contentamiento” (Isa.42:1). Seguramente que si hay en Cristo la
suficiente hermosura como para deleitar el corazón de Dios, bien
puede ser suficiente en Él para deleitarnos. Cristo es el centro en
donde todas las líneas de amor del Padre se encuentran.
· Cristo es hermoso en la consideración y estima de sus santos. Es
“admirado en todos los que creyeron“(1Tes.1:10). Él ya es
admirado, y ha de serlo aún más para ellos.
 
Bien puede que los santos admiren el ver a Cristo sobre en el
brillante manto de su humanidad, sobre los ángeles en gloria.
Bien puede que admiren su naturaleza unida a la deidad. ¡Oh, que
hermosa y bella vista es esa! Bien puede Cristo ser admirado por
sus santos.
 
· Cristo es hermoso en la estima de los ángeles. Le adoran:
“Adórenle todos los ángeles de Dios” (Heb.1:6). Los querubines,
los cuales representan a los ángeles, son representados mirando
hacia arriba, para mostrar que todos los ángeles en el cielo aún
estarán mirando hacia arriba, maravillados, y encantados con las
asombrosas bellezas de Cristo Jesús.
 
Primer uso: Se desprenden tres puntos.
A) He aquí, como en un reflejo de la escritura, las excelencias
trascendentales del Señor Jesús. Todo él es codiciable. Es un ejemplo
encantador puesto para nosotros. No me sorprende que Pablo, aquel
santo espiritual, “deseara no saber nada, sino solo a Jesucristo”
(1.Cor2:2). ¿Qué otra cosa quisiera acaso saber? Todo él (Jesucristo) es
codiciable. No es de extrañar que los discípulos hayan dejado todo para
seguirle a Él (Mt.19:27). Aunque hablara lenguas angélicas, jamás podré
expresar a Cristo en todos sus vívidos y hermosos colores. Además de
todo lo dicho, tomemos una visión más profunda de las hermosas
excelencias de Cristo en tres casos particulares;
1) Él es nuestra Luz. La luz es una criatura gloriosa: “Suave ciertamente
es la luz, y agradable a los ojos” (Ecl.11:7); La luz quita el velo y abre
las oscuras cortinas de la noche, haciendo que todas las cosas se
luzcan en sus colores naturales y frescos. Así también, Jesucristo es
hermoso, es llamado “luz verdadera” (Juan1:9), y “la estrella
resplandeciente de la mañana” (Ap.22:16). Cuando el alma es
oscurecida con la ignorancia, Cristo es la estrella de la mañana que la
ilumina. Él es el “Sol de Justicia” (Mal.4:12). Este Sol de Justicia es
mucho más glorioso que aquel que se haya en el firmamento.
-El sol del firmamento sale y se esconde, pero el Sol de Justicia, una
vez que se ha alzado sobre el alma para convertirla, jamás se pondrá
(esconderá) sobre ella. Puede que tire de sus rayos cuando las nubes
de nuestro pecado se aproximen, pero resurgirá de entre las nubes
nuevamente (como hizo con David); y así finalmente, jamás se
pondrá.
 
- El sol en el firmamento solo brilla sobre nosotros, pero el Sol de
Justicia brilla en nosotros: Pero cuando agradó a Dios “revelar a su
Hijo en mí” (Gálatas.1:16). El sol del firmamento solo brilla sobre
nuestros rostros; pero el Sol de Justicia brilla en nuestros corazones:
“Porque Dios es el que resplandeció en nuestros corazones”
(2Cor.4:6) ¡Cuán hermosos son sus rayos!
- El Sol sobre el firmamento solo brilla cuando es de día, pero el Sol
de Justicia lo hace en la noche. En la noche del abandono y aflicción
este Sol brilla. “Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos”
(Sal.112:4). ¡Oh, cuán adorable es este Sol de Justicia! Por los
brillantes rayos de este Sol, vemos a Dios.
 
2) Cristo es nuestro alimento. No solo es codiciable a los ojos, sino
también al paladar. ”Mi carne es verdadera comida” (Jn.6:55). Ésta
es la comida (el alimento) principal. Y no fue preparada para los
ángeles, sino para nosotros. Es adorable alimentarse de aquí; todas
las rarezas de los cielos se sirven en este plato.
 
“Y mi sangre es verdadera bebida”. Esta sangre es superior al vino;
- El vino puede tomarse en exceso. Noé bebió demasiado de la viña.
pero es totalmente distinto con la sangre de Cristo; no hay temor al
exceso aquí. Aunque una gota ya es dulce, cuanto más bebamos,
será mejor; cuanto más profundo, más dulce. “Comed, amigos;
bebed en abundancia, oh amados” (Cant.5:1). El exceso aquí nos
hace sobrios.
 
- El vino, aunque hace bien al corazón, cuando se toma, en algunas
 
ocasiones, puede ser dañino. Tomen vino cuando estén afiebrados, y
será tan malo como un veneno. Pero esta bebida de la sangre de
Cristo es aún mejor en la fiebre. Cuando el corazón arde tanto como
el infierno a causa del peso de la ira de Dios, y es como si estuviera
en una fiebre y agonía espiritual, entonces, una gota de la sangre de
Cristo disipa la inflamación, y refresca dulcemente al alma. Es
hermoso beber de tal fuente.
 
3) Cristo es nuestra vida. “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste”
(Col.3:4). La vida es bella, hace que todo sea confortable. En esto
satanás estaba en lo cierto: “Piel por piel, todo lo que el hombre tiene
dará por su vida.” (Job.2:4). Un hombre es capaz de tirar por la
borda sus joyas con tal de salvar su vida; ha de perder una pierna o
un brazo con el fin de preservar sus partes vitales. ¿Es la vida
hermosa, y no es Cristo nuestra preciosa vida? Fue prefigurado por el
“árbol de la Vida” en el jardín del Edén (Gén.2:9). Ese árbol era
simbólico. Como dijo Agustín: “era una promesa y una dirección de
vida, si el hombre hubiera seguido en obediencia.” Seguramente sería
un árbol encantador, pero solo era una prefiguración de Cristo, quien
asimismo es llamado “el árbol de la vida” (Ap.2:7). Este árbol de la
vida, el Señor Jesús, es un mejor árbol que aquel el cual crecía en el
paraíso; el árbol de Adán en el paraíso, puede que preservara la vida,
pero no pudo prevenir la muerte; estaba muriendo por todo eso. Pero
este árbol de la vida, Cristo Jesús, previene de la muerte “Y todo
aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Jn.11:26); así
es, no sufrirá la segunda muerte (Ap.20:14). Este bendito árbol es un
antídoto contra la muerte. Si habría un árbol para buscar en el
mundo que pudiera preservar al hombre de la muerte, ¿cuán lejos
peregrinarían? ¿Cuán grandes sumas de dinero darían por una hoja
de ese árbol? Dicho árbol es Cristo, él te guardará de la muerte ¿Y no
es éste un árbol hermoso?
En particular, hay una triple vida que fluye de Jesucristo;
.Una vida de Gracia: “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia
sobre gracia.” (Jn.1:16). Esta vida es un brote de eternidad. Es una
vida que Cristo adquirió para nosotros en su muerte.
.Una vida de consuelo (gozo), la cual es la flor de la vida. “y se
gozará vuestro corazón” (Jn.16:22). Se trata de un júbilo santo del
Espíritu. Tan dulce y encantador es este gozo, que cuando David lo
perdió, de haber perdido también su reinado (su corona), si Dios le
hubiera preguntado: “¿Cuál quieres que te sea devuelto de estos
dos?” David hubiera contestado: Señor; “Vuélveme el gozo de tu
salvación” (Sal.51:12); antes mi gozo (consolación divina) que mi
corona.
 
 
.Una vida de gloria (Jn.17:22). Esta es la vida más noble; es vivir la
vida de los ángeles y más aun, vivir la vida de Dios. Es el más alto
grado y perfeccionamiento al que una criatura racional puede ser
llevada. Puede que no clamemos como Crisóstomo: “¿Qué hay más
hermoso que Cristo, de quien fluyen aquellos arroyos dorados de
vida. ¡Oh, que todo esto lo haga afable a nuestros ojos!
¿Qué más deberíamos admirar? ¿En qué deberíamos regocijarnos
sino solo en Cristo? La hermosura de Cristo, al igual que su ropaje,
no tiene arrugas. Leemos sobre Absalón en 2Samuel.14:25: “Y no
había en todo Israel ninguno tan alabado por su hermosura como
Absalón; desde la planta de su pie hasta su coronilla no había en él
defecto.” Esto es muchísimo más cierto si lo aplicamos a Cristo. Él es
el espejo de la belleza misma, el plano de la perfección, el paraíso del
deleite. Es la corona del evangelio; si el evangelio fuera un campo,
Cristo sería la perla oculta en dicho campo, si el evangelio fuera un
anillo, Cristo sería el diamante de ese anillo. Es la gloria de los cielos:
“…y el Cordero es su lumbrera” (Ap.21:23).
 
Bien pudo San Pablo estimar todas las cosas como pérdida y tenerlas
por basura con tal de ganar a Cristo (Fil.3:8).
B) Si Cristo es enteramente codiciable, esto nos enseña la verdadera razón
de porque los hombres no se aferran a Él; a saber, porque son
ignorantes de Su belleza. Un hombre ciego, no ha de admirar los colores
en un arcoíris.
 
Cuando el dios de este siglo ciega el entendimiento de los hombres,
éstos, no visualizan excelencia alguna en Cristo. Por lo tanto gritan,
como lo hicieron aquellos guardas: ¿Qué es tu amado más que otro
amado? (Cant.5:9). Los hombres no admiran el sol porque las nubes de
su ignorancia se interponen. Cristo es un tesoro, pero uno oculto. Es más
hermoso que los hijos de los hombres, pero para el hombre natural
(común) es igual a Moisés con el velo sobre su rostro. El hombre del
mundo jamás verá la estupenda belleza de Cristo. ¡Oh, hombre infeliz
(dijo Agustín) que conoces todas las cosas excepto a Cristo! Tu
conocimiento no servirá sino para encender el infierno. Quieren ojos,
pero no quieren sufrir el costo.
 
Objeción.1: Pero ustedes me dirán: ¿Qué?, ¿no conocer a Cristo? Pero si
nosotros estamos mejor instruidos que eso. ¿Se lo ha predicado tanto
tiempo en nuestras calles y acaso no lo conocemos?
Respuesta 1. Desearía que no hubiera tantas personas groseramente
ignorantes de Cristo, que no entienden nada en cuanto a su persona,
oficios y privilegios. Un ministro me conto que, no hace mucho tiempo,
fue a visitar a un vecino de su iglesia que yacía sobre su lecho de
muerte, un hombre de ochenta años de edad, quien asistía
frecuentemente a la iglesia; y al preguntarle qué era el “pecado”, le
respondió que no lo sabía; y al preguntarle quien era Cristo, dijo que
tampoco lo sabía; a lo que el ministro le replicó: ¿Si usted no conoce a
Cristo, como es que espera irse al cielo?, y la respuesta de aquel hombre
fue esta: “Si no puedo ir al cielo, entonces solo me quedaré aquí”. ¡Oh,
grotesca ignorancia! El asna de Balaam habló cosas mucho más
significativas al profeta (Núm.22:28).
Esta gente ha sido muy ignorante acerca de Jesucristo, al parecer,
porque han sido muy propensas al error, bien codiciosas para andar
bebiendo de cada nueva opinión, tan pronto como el diablo terminaba de
preparar dichos tragos.
 
Respuesta 2: Mientras que usted dice, ¿Podemos ser ignorantes de
Cristo a plena luz del evangelio como se escucha hoy? Yo digo que un
hombre puede tener excelentes nociones sobre Cristo y estar capacitado
para dar un gran discurso acerca de él, pero aun así no conocerlo
salvíficamente. Y aunque no es intelectualmente ignorante de Cristo, sin
embargo, sí lo es espiritualmente.
 
Existe un triple defecto en el conocimiento de la mayoría. Se trata de
una especulación sin convicción, sin afecto, ni obrar alguno.
1. Es una mera especulación sin convicción alguna. Los hombres no
están totalmente convencidos de las excelencias de Cristo. “Y cuando
él venga (el Espíritu Santo), convencerá al mundo de pecado…”
(Juan.16:8)
¡Extraño! ¿Acaso no estaba Cristo en el mundo? ¿No dio Él muchos
sermones acerca del pecado? Es cierto, lo hizo, pero los judíos aún
no eran convencidos al respecto, por lo tanto, debió enviar su
Espíritu para hacerlo.
 
“… y de justicia”; ¿Por qué? ¿Acaso nos les dijo Cristo que no había
lugar en donde hallar justicia sino solo en Él, y que no podían
depositar sus esperanzas de salvación fuera de Él? Sí, escucharon a
Cristo decir esas cosas, pero aún no estaban convencidos.
De ahí, deduzco que los hombres pueden tener un conocimiento
especulativo de Cristo, y aun así seguir siendo ignorantes de Él, es
decir, no le conocen de manera convincente. Y eso de que no tienen
un conocimiento convincente, es claro; porque si hubieran sido
convencidos en sus conciencias de las hermosas virtudes de Cristo,
¿estimarían acaso su lujuria y las vanidades? ¿O acaso preferirían, al
igual que Judas, treinta piezas de plata antes que a Él?
 
2. Es una especulación sin afecto alguno. Los hombres tienen noción de
Cristo, pero no son encendidos en amor para con Él. Sus
conocimientos son como la luna; luces altas residen en ella, pero no
hay calor alguno. El verdadero conocimiento de Cristo es como el
fuego al hielo, lo derrite en agua. Así, de igual modo, este
conocimiento derrite al pecador en lágrimas de amor. No le hago
ningún daño al hipócrita al decirle que no posee ningún afecto real
hacia Jesucristo. Hay una gran diferencia entre el conocimiento que
el reo tiene del juez, y el conocimiento que el niño tiene de su padre.
El prisionero conoce al Juez, pero no tiene ningún afecto hacia su
persona; su conocimiento va unido al temor y al odio. Pero el
conocimiento que el niño tiene de su padre está unido al afecto, ama
estar en su presencia. El hipócrita conoce a Cristo como el reo conoce
al juez, o como el demonio le conoce (Marcos.1:24), con un
conocimiento lleno de horror y de espanto; mientras que el verdadero
conocimiento es filial. Los afectos brotan de manera inflamada tras
de Él. El apóstol tuvo una elegante expresión para explicar la
naturaleza del verdadero conocimiento; lo llama: “el olor de su
conocimiento.” (2Cor.2:14), tal como un hombre gusta de una
sabrosa dulzura en su carne. El hipócrita, carece de gusto.
 
3. Es una especulación sin obrar alguno. El conocimiento que los
hipócritas tienen de Cristo, no tiene ninguna influencia salvífica sobre
ellos; no los santifica. Una cosa es tener una noción acerca de Cristo,
y otra muy distinta es obtener (ir en busca de) las virtudes de Cristo.
El conocimiento de los hipócritas es un conocimiento muerto, estéril:
que no da a luz hijos de obediencia. Hay una gran diferencia entre un
erudito que estudia medicina solo a modo de noción, teóricamente,
para conocer los principios de dicha orientación, y otro que estudia
para ejercerla. Los hipócritas no son practicantes; son pura cabeza,
carecen de pies. No “andan en Cristo” (Col.2:6). Su conocimiento es
a modo informativo (intelectual), pero no transforma. Esto no los
hace ni siquiera un poquito mejor. No deja ningún rastro de
espiritualidad atrás. Tal conocimiento no es mejor que la ignorancia.
“El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es
mentiroso, y la verdad no está en él;” (1.Juan.2:4) Puede que un
hombre no tenga más que un mero conocimiento especulativo, no
siendo mejor que el diablo. Y ésta es la razón por la cual los hombres
no se aferran a Cristo, quien es infinitamente adorable: porque
desconocen su valor. Y así, aunque no sean intelectualmente
ignorantes acerca de Él, sí lo son espiritualmente. “Hasta este día, un
velo sigue puesto sobre sus corazones.”
 
C) Si Jesucristo es tan adorable, esto nos da entender lo miserable que es
un hombre fuera de Él, esto es:
1- que vive sin Cristo, y 2- que muere sin Cristo.
1- Observen su miseria al vivir sin Cristo: Es un hombre muy deforme y
desagradable; porque la hermosura solo puede ser dada de quien
fluye, esto es, Cristo. Un pecador en su estado natural, es como un
infante tendido sobre sus sangres. “cuando estabas en tus sangres”
(Ez.16:6). En Levítico 13, el leproso, en la ley, no era sino el
emblema más triste del pecador.
 
- El leproso debía vivir solo, como si fuera indigno de allegarse a la
congregación de los santos.
 
-Debía usar tres marcas par ser reconocido; sus vestiduras rasgadas,
su cabeza al descubierto, y su boca tapada.
- Debía andar gritando por donde iba: “impuro, impuro.”
El leproso espiritual se rige sobre cada pecador sin Cristo. Por
consiguiente, cada hombre cuyo estado no ha sido regenerado, es
comparado en las escrituras con las cosas más desagradables y feas.
A un perro (Ap.22:15), a un puerco (2Pedro.2:22), a una víbora
(Mat.3:7), diablos (Jn.6:70). El corazón del pecador es como una
fuente envenenada. Es como un pedazo de tierra fangosa que
contamina el agua más pura que pueda correr por aquella fuente. Los
paganos tenían esta clase de noción implantada en ellos ya que,
como los autores cuentan, tenían sus fuentes de piedra a la entrada
del templo, que las usaban para lavarse antes de ofrecer sacrificio;
un pecador es ciego (Ap.3:17), el más ciego, por cuanto cree que ve:
está muerto. Y a pesar de que puede recubrirse con algunas virtudes
moralistas, y esto no es, sino como estar echando flores sobre un
cadáver (Ef.2:1). Las cosas muertas no tienen belleza en sí mismas.
Un pecador fuera de Cristo es una criatura excrementiciamente
inmunda. No es más que escoria; es el infierno personificado. No hay
parte en él que sea agradable. El hombre que tenía “flujo de semen”
(Lev.15:2), no era sino, una tipificación del pecador plagado de llagas
de pecado fluyendo de sí (1Reyes.8:38). ¡Oh, cuán horrible y
deforme es cada alma sin Cristo! Dios la aborrece. “pues mi alma se
impacientó contra ellos.” (Zacarías 11:8). Tan abominable y tan
desagradable es un pecador que Dios le mira alejado (Sal.138:6).
Dios no se acercará al hedor de Él. El pecador es tan deforme y está
tan enfermo, que cuando se acerca para ser convertido, la primera
cosa que hace, es aborrecerse a sí mismo; “Y os avergonzaréis de
vosotros mismos por vuestras iniquidades y por vuestras
abominaciones.” (Ez.36:31) Así de desagradable es cada persona que
se halla fuera de Cristo. Si él se jacta de su bondad, es porque
todavía no se ha mirado a sí mismo en el espejo de la Palabra de
Dios, la cual descubriría sus pústulas y manchas.
2- ¡Mirad la miseria del que muere sin Cristo! Aunque Jesucristo es
infinitamente hermoso, el pecador, no verá nada de tal belleza. Cristo
pondrá un velo sobre su rostro, al igual que lo hizo Moisés cuando su
rostro resplandecía (Éxodo 34:33). Más aún, esto no es todo; aunque
Cristo sea tan adorable en sí mismo, para un impío pecador será algo
terrible el contemplarlo. El hombre perverso no verá ninguna
hermosura en Cristo. El Sol de Justicia estará eclipsándolo, su belleza,
será cambiada en furia. El Cordero se convertirá en León.
El rostro de Cristo golpeará el corazón del pecador con horror y
asombro. El rey Asuero fue afable para la reina Ester, cuando al
verla, extendió su cetro de oro hacia ella; ¡pero cuán terrible fue su
rostro para Amán, cuando se levantó del banquete encendido en su
ira! Su mirada se traía la muerte en su rostro.
 
Así, aunque Cristo sea tan hermoso en sí mismo, y lleno de una
bellísima sonrisa para con sus santos; sucede que para quienes le
rechazan, y perecen en sus pecados: ¡Cuán horrible y aterradora les
será Su mirada! Sus ojos serán como llama de fuego (Ap.1:14). Cristo
es representado con un arco y una corona (Ap.6:2). A sus santos se
les aparecerá con una corona, ¡muy hermoso y glorioso al
contemplar!, pero a los impíos se les aparecerá con su arco, para
tirarles con las flechas de su cólera.
 
Leemos, que “nubes y oscuridad están alrededor de él” (Sal.97:2).
Para con los creyentes, Cristo brillará con sus rayos de belleza y
majestad; pero para con los impíos se cubrirá con una nube de
indignación. Esto será el infierno del infierno para el condenado.
¡Serán excluidos de la visión de la Gloria de Cristo, y solo verán el
lado de Su ira! Clamarán para que los montes se derrumben sobre
ellos y los escondan “del rostro de aquel que está sentado sobre el
trono, y de la ira del Cordero” (Ap.6:16).
 
“La naturaleza humana de Cristo”, dijo Jerónimo, “será tan terrible
para un pecador, como el ver las llamas del infierno.”
Uso segundo; Exhortación.
 
A) Si Cristo es tan infinitamente codiciable, trabajemos para tener una parte
en Cristo a fin de que nuestra deformada y maldita naturaleza pueda ser
quitada y las relucientes bellezas de la santidad brillen en nosotros. Es
poco confortable para el alma decir, “Cristo es todo codiciable”, a menos
que también pueda decir “Mi amado es mío” (Cant.2:16). A Ignacio no le
importaba lo que pudiera acontecerle porque tenía a Cristo. Despeje (en
Cristo) su interés, sus preocupaciones. El fundamento de la salvación es
la unión con Cristo. “Hay muchos cristianos (profesantes)”, dijo
Bernardo, “que no tienen nada de Cristo en ellos.” ¡Oh, trabaja para ser
constituido uno con Cristo, para tenerlo no solo en la Biblia, sino también
en tu corazón! Renuncia a tu propia belleza, a todas tus habilidades,
moralidades y deberes. Éstas no son más que una rama podrida en el
momento de sostenerse. “Y ser hallado en él, no teniendo mi propia
justicia…” (Fil.3:9).
 
Cuando Augusto César deseaba que el senado de Roma se le uniera en
el consulado, el senado le respondió que tenían un gran desprecio hacia
su persona como para unírsele en cualquiera sea el consulado. De la
misma manera, Jesucristo considera como un gran desprecio hacia su
persona, el querer unir nuestros deberes con Sus méritos. Oh pecador,
deshazte de esos trapos harapientos, para que puedas ponerte las
hermosas vestiduras de Cristo. No es lo que quiero despegarte de tus
deberes, sino despojarte de toda confianza que puedas tener en ellos.
Puede que la paloma de Noé haya hecho uso de sus alas para volar,
pero su confianza no estaba puesta en sus alas, sino en el arca.
Un hombre hace uso de sus pies para cruzar un puente, pero confía en
que es el puente el que lo mantendrá seguro. Cuando los cristianos
caminan con los pies de la obediencia, deben confiar en Cristo como el
puente que ha de guiarlos sobre el mar devorador del infierno.
 
Resumiendo; si quieres ser beneficiado en Cristo, confía en Él por la fe, y
ríndete a Él mediante el servicio. El creyente con una mano recibe a
Cristo y con la otra se entrega a Él. Cristo le dice al creyente, “Con mi
cuerpo, sí, con mi sangre, te he engendrado”, y el creyente le dice a Él,
“Con mi alma yo te adoro.” Oh cristiano, entrégalo todo por tener parte
en este adorable Salvador.
 
B) Si Cristo, pues, está lleno de bellezas resplandecientes, entonces,
enamórate de éste hermoso objeto, y al igual que la esposa de los
Cantares, enférmate de amor por Cristo. La belleza se trae consigo al
amor. Los ministros son amigos del novio. En este día, vengo con un
cortejo para tu amor. Ama a quien es tan hermoso; deja que Cristo
repose como un haz de mirra siempre en tu seno. “El que no amare al
Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene” (1.Cor.16:22). “El amor”,
dijo Crisóstomo, “es el diamante que solo la reina lleva”, esto es, el alma
gentil.
 
Oh, que todas estas incomparables bellezas de Cristo enciendan una
llama de amor divino en los corazones cristianos.
Cristo es el extracto mismo, la quintaescencia1 de la hermosura; es un
1 Quintaesencia: lo más puro, lo perfecto.
 
completo paraíso del deleite. Es la Rosa de Sarón, enriquecida con los
colores de oriente y perfumada con la más dulce fragancia. Oh, porten
esta Flor no en sus bolsillos, sino en sus corazones, y estén oliéndola
constantemente.
 
Y demuestren su amor para con este Salvador encantador:
1-por la fuerza, y 2- por los efectos del mismo.
1- Por su fuerza: Ámenlo por sobre todas las demás cosas. Déjenle
arrebatar la corona y la gloria de lo creado.
 
a) Ámenlo más que a sus relaciones, “El que ama a padre o madre más
que a mí, no es digno de mí.” (Mt.10:37). Es más, nuestro amor a las
relaciones (lazos) debería ser aborrecido en comparación a nuestro
amor por Cristo (Lc.14:26). Grande es nuestro amor a las relaciones
personales. Las criaturas, carentes de razón nos demuestran un
afecto natural; la cigüeña joven alimenta a la cigüeña mayor y la
ayuda a moverse cuando la otra ya es muy vieja y difícilmente pueda
ya volar. Los niños deberían superar a la cigüeña, volar por encima
de ella sobre sus afectos. Pero Cristo debería sernos más querido que
cualquier otra cosa. Debe pesar mucho más que nuestras relaciones
en la balanza de nuestros afectos; por cuanto Él, “es todo codiciable.”
Si los padres se nos interponen como piedra de tropiezo en nuestro
camino a Cristo, si entran en competencia con Cristo, o se levantan
en oposición a Cristo, tendremos que saltar por encima de ellos, o
caminar (pisar) sobre ellos.
 
b) Amen a Cristo más que a sus posesiones. El oro no es más que
basura brillante. Aunque puede ser encantador, sin embargo, no es
“enteramente codiciable.”
 
- El oro es peor que tú mismo, está hecho de un extracto de la tierra.
Si vas a amar algo, ama algo que sea mejor que tú mismo; y eso, es
únicamente Cristo, quien es todo codiciable.
- Las riquezas no aprovecharán en el día de la ira (Prov.11:4). Las
riquezas no son un seguro de vida para protegernos de la ira divina.
¡Más cuán hermoso es Cristo que puede protegernos del fuego de la
ira de Dios! Oh, así que amalo más que todas esas cosas
perecederas. La búsqueda de Cristo es mejor que las vendimias de
este mundo. No seáis como el cuervo de Noé, el cual apenas
encontró carroña de la que alimentarse, no le importó el retornar a
su hogar en el arca. Aquel que pierda todo por Cristo, ha de
encontrarlo todo en Él.
c) Ama a Cristo más que a tu propia vida. “…y menospreciaron sus vidas
hasta la muerte.” (Ap.12:11). Llevaron sus sufrimientos como
insignias de su gloria. Sus heridas de amor, eran más fuertes que las
heridas de muerte. ¿No murió Curtii por los romanos, o Codri por los
atenienses? ¿Y no deberíamos nosotros estar dispuestos a entregar
nuestras vidas por Cristo quien es infinitamente adorable?
2- Muestren su amor para con este hermoso Salvador mediante los efectos
del amor.
 
a) El primer fruto del amor es el deseo de platicar. El amor es el
transporte de los afectos. Los amantes desean estar hablando y
conversando seguidamente antes del día de bodas. Cristo conversa
con el alma a través de su Espíritu, y el alma conversa con Él
mediante la oración y la meditación. El alma que ama a Cristo, desea
estar mucho en su presencia. Ama las ordenanzas, piensa lo bueno
que es bueno yacer en el camino por el que Cristo paso. Las
ordenanzas son el carruaje de la salvación. Cristo monta sobre los
corazones creyentes en dicha carrosa. Las ordenanzas son el
banquete de las grosuras. El alma, aquí, da un festín con Cristo. “Me
llevó a la casa del banquete…” (Cant.2:4); del hebreo, esto es, “me
llevó a la casa del vino.” La Palabra, las oraciones, y los sacramentos
son para el cristiano, la casa del vino. Aquí, a menudo, Cristo vuelve
el agua de las lágrimas en vino. ¡Cuán hermosa es esta casa del vino!
Las ordenanzas son el enrejado por donde Cristo se asoma y muestra
su rostro sonriente a sus santos. Los padres de Cristo lo hallaron en
el templo (Lc.2:46). El alma que ama a Cristo, desea unirse en
seminario con Él en el templo.
 
b) El segundo fruto del amor. Donde hay amor por Cristo, hay
compasión. Los amigos que aman afligirse y regocijarse juntos
poseen espíritus compasivos.
Homero al describir el dolor de Agamenón cuando fue forzado a
sacrificar a su hija Ifigenia, cuenta como esto hizo que sus amigos
lloraran con él y que le acompañaran en el sacrificio matutino. Y
recuerdo a Aristóteles en su retórica, dedicando casi un capítulo a
este tema, probando la simpatía (la compasión) entre los amigos.
Los amantes se afligen conjuntamente. Así, si amamos a Cristo,
deberíamos de afligirnos por aquellas cosas que le afligen, “Veía a los
prevaricadores, y me disgustaba” (Sal.119:158). Deberíamos
afligirnos al ver la verdad desangrarse, y a los herejes aumentando
su número. Deberíamos afligirnos al ver a la tolerancia afirmar su
mástil y colocar su bandera; y a multitudes enteras navegando sobre
esta barca hacia el infierno. La tolerancia es la tumba de la reforma.
Fue una acusación presentada contra la iglesia de Pérgamo, el que
tenían ahí mismo, anidando y empollando, a quienes sostenían la
doctrina de Balaam. (Ap.2:14). Por medio de la tolerancia adoptamos
los pecados de otros hombres, y los hacemos nuestros.
 
Oro a Dios para que esto no apresure los funerales Británicos.
Aquel, quien ame a Cristo, guardará estas cosas en su corazón.
c) El tercer fruto del amor. Aquel que ame a Cristo se esforzará por
preservar su memoria. Los amigos preservarán la memoria de
aquellas personas a quienes hayan amado, conservando sus retratos,
sus cartas, sus chapitas (grabados metálicos) de amor, y veces
mediante el preservar sus monumentos. Artemisia, reina de Caria, dio
muestras de un singular amor a su esposo Mausolo; cuando el murió,
ella ordenó que redujeran su cuerpo a cenizas y que lo mezclaran en
su bebida a diario, haciendo así de su cuerpo una tumba viviente en
la cual pudiera retener a su amado esposo. Así, el alma que ama a
Cristo, estará frecuentemente comiendo de su cuerpo y bebiendo de
su sangre en los sacramentos2, recordando así la muerte de Cristo
hasta que Él venga. Aquellos que prescinden de los sacramentos,
demuestran plenamente como no tienen ningún amor por Cristo,
dado que no desean preservar su memoria entre ellos.
d) El cuarto fruto del amor. Aquel que tiene amor por Cristo, este
preciosísimo objeto del amor, no agasajará ni hospedará a ningún
otro amante. “¿Qué más tendré ya con los ídolos? “ (Oseas.14:8), la
palabra del Hebreo es “amargura”; definitivamente, el pecado levanta
una tempestad de tristeza en el alma. Y aquel que está desposado
con Cristo cambia de parecer, su juicio (criterio) cambia: aquellos
pecados que antes miraba como a amantes, ahora los ve como
amarguras (tristezas). Aquel que ama a Cristo puede mirar a la
tentación a la cara y volverle las espaldas. Cuando Ciro hubo de
tentar a la casta esposa de Tygranes, esta, hizo caso omiso de él a
pesar de que fuera un rey; ella tenía a su esposo en casa. Cuando el
pecado, como la vara de Mercurio3 con una serpiente en ella,
pretende enrollarse sutilmente en el alma, aquel que ama a Cristo, no
se atreve a darle alojamiento alguno; le dirá: todas las habitaciones
están ya ocupadas por Cristo, y no hay mejor invitado que puede
venir, porque Él es todo codiciable.
 
C) Si Cristo es acaso tan hermoso en sí mismo, entonces tú, que profesas a
Cristo, trabaja para que otros puedan apreciar su hermosura. Y hay dos
maneras.
1) Ve elogiándolo, y cuéntale a los otros de su belleza, para que puedan
admirarle. Así, la esposa, en el capítulo que tratamos, se esfuerza por
retratarlo y establecerlo en su gloria. “Mi amado es blanco y rubio,
señalado entre diez mil.” Cuéntales a otros que Cristo es
2 Por “sacramentos” se entienden el pan y el vino de la cena del Señor (1.Corintios 11:23-26)
3 Personaje mitológico y pagano, el cual portaba una vara con una serpiente enrollada.
 
completamente dulce. Es la joya más preciosa en la vitrina de los
cielos. Levanta los trofeos de su honor, triunfe en sus alabanzas, que
puedas tentar a otros a enamorarse de su persona. La lengua es el
órgano de la alabanza; ¿No es una lástima que este órgano a veces
se encuentre tan fuera de tono sumido en las quejándose y
murmurando? Oh, dejen que éstos órganos sigan andando; permitan
que nuestras lenguas canten las alabanzas de aquel quien es todo
codiciable.
 
Las muchachas de sangre real tienen los retratos de los reyes que se
les acercan, y al verlas, se enamoran de sus personas, y se casan con
ellos. Por medio de nuestros elogios a Cristo, deberíamos de pintarlo
para otros, y dibujar su retrato, para que cuando lo vean, se
enamoren de Él. Y puede que un compromiso se presente
prontamente.
 
2) Haz que Cristo sea codiciable a la vista de otros adornando vuestra
vida en conformidad a Su evangelio, y andando como es digno de Él
(Col.1:10). Para un maestro es un honor tener buenos criados, ¡Y
como se proclama la belleza y gloria de Cristo cuando aquellos que
le profesan, son eminentemente piadosos! (1Pedro.2:9). Cristo se
muestra hermoso en las vidas santas de su pueblo.
 
Hermanos, hay algunas personas entre nosotros cuyas impiedades
son escandalosas, y enmascaradas por la religión han hecho que
Cristo no parezca codiciable ante los ojos de otros; eso es suficiente
para hacerles temer que no tengan nada que ver con Cristo, como si
Él los animara en sus pecado o al menos conspirara con ellos. La
sangre de otros no satisfará por la injuria que mediante sus pecados
le han hecho a Cristo. He leído acerca de unas imágenes que por
afuera están cubiertas de oro y perlas, parecidas a Júpiter y a
Neptuno, pero por dentro no hay más que arañas y telarañas ¿Y no
tememos nosotros a muchos quienes se han cubierto con el oro y las
perlas de la profesión, asemejándose a los más grandes santos, pero
por dentro, como dijo Cristo, están “llenos de toda inmundicia.”
(Mt.23:27), de tal manera que podemos ver las arañas que salen
arrastrándose de su interior. Oh, que todos los que profesan el
nombre de Cristo puedan apartarse de todo iniquidad (2.Tim.2:19),
que puedan poner una corona de honor sobre la cabeza de Cristo, y
hacerlo ver hermoso ante los ojos de otros.
 
Último uso: Consolación.
 
Aquí reside el consuelo para aquellos quienes por medio de la fe están casados
con Cristo. Éste es su glorioso privilegio; la belleza y la hermosura de Cristo son
puestas sobre ellos. Brillarán por Sus rayos. Es el clímax y la corona del honor.
Los santos no solo que observarán la gloria de Cristo, sino que también serán
transformados a ella, “seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él
es.” (1.Jn.3:2). Eso es, seremos irradiados y pulidos con su gloria. Cristo es
comparado al hermoso lirio (Cant.2:1). Su blancura de lirio será puesta sobre
sus santos. Un alma glorificada será un espejo perfecto, o cristal, donde la
hermosura de Cristo será transparente. Moisés se casó con una mujer de piel
negra, mas no pudo volver su tez blanca. Pero quienquiera que se case con
Cristo, Él ha de cambiarle su complexión, Él los hará enteramente codiciables.
Cualquier otra hermosura es causa de orgullo, pero no han de criarse
semejantes gusanos en el cielo. Los santos en el cielo admirarán su propia
belleza, pero no crecerá ningún orgullo por ello.
 
Otra belleza se pierde rápidamente. El ojo llora al ver su arrugada ceja, y la
mejilla se sonroja de su propia palidez. Pero esta es una belleza que jamás se
desvanecerá. El tiempo no podrá marchitarla; retendrá su brillo.
El blanco y el bermellón estarán mezclados por toda la eternidad.
Pensad en esto, oh santos que lloran por sus pecados y lamentan sus
deformidades espirituales (eres atractivo, pero aún negro), recuerden, en virtud
de su unión con Cristo, han de ser criaturas gloriosas; y entonces sus vestiduras
serán de oro labrado, y serán presentados delante del Rey con hermosos
vestidos, y oirán a Cristo pronunciar éstas benditas palabras: “Toda tú eres
hermosa, amiga mía, y en ti no hay mancha.” (Cantares 4:7)
Fin.
 
 
 
 
 
Notas finales:
Traducido de la versión original en inglés: “Christ´s Loveliness”
Fuente:
http://www.digitalpuritan.net/Digital%20Puritan%20Resources/Watson,%20Thomas/D
iscourses%20on%20Important%20and%20Interesting%20Subjects%20(vol.1)%20Ind
%20Works/Christ's%20Loveliness.pdf
Las citas bíblicas corresponden a la versión española RVR 1960
Traducido por Mariano Leiras