Los Puritanos y la Consejería.

13.04.2013 16:55

 

 

 

RESUMEN GENERAL

Los escritos de los Puritanos constituyen un rico manantial de ayuda a la consejería bíblica porque:

(1) Estaban comprometidos con la autoridad funcional de la Escritura; la Biblia era el manual por excelencia para resolver todos los problemas del corazón.

(2) Desarrollaron un sistema de diagnóstico sofisticado y sensible para problemas personales, distinguiendo entre una variedad de causas físicas, espirituales, temperamentales y demoníacas.

(3) Desarrollaron balance notable en sus terapias porque no se apoyaron en ninguna "teoría de la personalidad" individual que no fuera las enseñanzas bíblicas sobre el corazón.

(4) Fueron realistas sobre las dificultades de la vida cristiana, en particular conflictos relacionados con pecado remanente persistente.

(5) Su enfoque no era solo conducta sino motivos y deseos subyacentes. El hombre es adorador, los problemas derivan de una "imaginación pecaminosa" o de la creación de ídolos.

(6) Consideraban que el remedio espiritual esencial era creer en el evangelio, usado tanto para arrepentimiento como para el desarrollo de un adecuado entendimiento propio.

 

IMPORTANCIA DE LOS PURITANOS

¿Por qué otorgarles consideración especial? Porque constituyeron la Primera Escuela Protestante de Consejería Bíblica. Toda persona que anhele cultivar consejería bíblica debe adentrarse profundo en el estudio de los Puritanos.

J.I. Packer, quizás uno de los pastores contemporáneos más versados en los escritos puritanos, lo dice así:

"...los puritanos... eran fuertes justo donde los cristianos evangélicos de hoy son débiles... he aquí hombres de poder intelectual fuera de serie, en quienes los hábitos mentales cultivados mediante sobria escolaridad estaban unidos a celo flameante por Dios y conocimiento minucioso del corazón humano."

 

Los estudiosos bíblicos de hoy no entienden el corazón humano, dice Packer, mientras que los consejeros no conocen la Escritura. Los Puritanos son una generación entera de hombres que combinan ambas fortalezas.

El continúa:

"Lo vacío de nuestro biblicismo se torna aparente una y otra vez cuando dividimos las cosas que Dios ha unido... predicamos un evangelio sin ley y una fe sin arrepentimiento... al enfatizar la experiencia cristiana hablamos de gozo, paz, felicidad, satisfacción, quietud del alma, pero sin referencia balanceada con el descontento divino de Romanos 7, la lucha de la fe del Salmo 73, o cualquiera de las cargas de responsabilidad o providencias circunstanciales que caen sobre el hijo de Dios... consultan a sus pastores, y éste a su vez no les ofrece otro remedio que enviarlos al psiquiatra! Ciertamente necesitamos ayuda y la tradición puritana puede darla."

 

LECCIONES A CONSEJEROS

1. Los puritanos estaban comprometidos con la "autoridad funcional" de la Escritura en consejería.

Consideraban la Escritura más que suficiente para lidiar con cada aspecto básico de problemas o condición humana. John Owen brillaba producto de su experiencia pastoral y la diversidad de "casos" de su época, pero agregaba una advertencia difícil de ignorar: nada substituía al estudio diligente de las Escrituras, a la meditación sobre lo estudiado, la oración ferviente, el sentir de las cosas espirituales y el conocer las tentaciones del alma propia, con observación prudente a la obra de la gracia en el alma.

Sin estas cosas, es vanidad toda pretensión de habilidad y deber en el oficio pastoral.

 

Los Puritanos descansaban su consejería en la Escritura.

Leer sus obras es un "laboratorio" excelente para estudiar consejería bíblica, porque no tienen influencia alguna de modelos psicológicos. Muchos, hoy en día, claman ser estrictamente bíblicos en sus enfoques consejeros y sin embargo evidencian la fuerte influencia de Maslow, Rogers, Skinner, o de Ellis. Los puritanos no tenían competencia secular en el área de consejería. Necesitamos considerar muy seriamente sus modelos.

 

2. Tenían un sistema plenamente desarrollado para diagnóstico de problemas.

Escritos y más escritos de cientos de casos, de distintas condiciones espirituales y problemas personales diferentes. John Owen es muy representativo cuando enseña que cada pastor debe comprender los diferentes casos de depresión, temor, desaliento y conflicto del alma de los hombres.

Esto es muy necesario para aplicar "las medicinas adecuadas que remedien cada úlcera del temperamento". Los puritanos fueron verdaderos médicos del alma. Sus estudios de la Escritura y del corazón humano les condujeron a elaborar finas distinciones entre condiciones y a clasificar muchos tipos y subtipos de problemas que requerían tratamientos diferentes.

 

Condiciones sobre Discernimiento

Thomas Brooks en su libro "Preciosos Remedios contra las Artimañas de Satanás" [Precious Remedies Against Satan's Devices] y el "Directorio Cristiano" de Richard Baxter [A Christian Directory] son manuales clásicos.

Brooks discute ¡doce clases de tentaciones, ocho variantes de desaliento, ocho tipos de depresión, y cuatro clases de orgullo espiritual! La sección sobre "Tentaciones" se dirige a cualquiera que lucha con patrones establecidos de pecado, en particular luchas contra patrones de adicción. Como pastor, a menudo he consultado este manual para ayudar a personas confundidas que han caído en tentaciones viejas luego de años de libertad. Invariablemente he descubierto que, aún habiéndose fortalecido contra un par de tentaciones, todavía se hallaban indefensos contra otras más de las que menciona el manual.

 

La sección sobre "Desaliento" aplica a personas que sufren de "cerebro quemado" así como de ansiedad, tristeza, decepción. Brooks distingue entre el desaliento causado por la codicia, por falsas expectativas, por un espíritu complaciente a los hombres, por la auto justicia, por la distorsión doctrinal, o incluso por una simple carencia de auto disciplina.

 

Cuando escribe sobre "Depresión", lidia con personas cuya desesperanza surge de culpa o proveniente de "baja imagen de sí mismos". Los Puritanos llamaban "acusación" a esta condición, cuando la conciencia y el diablo atacan a la persona en referencia a sus fallas y pecados. Brooks reconoce varios tipos de patologías de la conciencia: la conciencia idiotizada, la conciencia herida, la conciencia marchita, y la conciencia super escrupulosa.

 

Por último, la sección sobre "Orgullo" discute varias formas de este grande pecado. Trae a la superficie casos de materialismo, de lujuria por el poder, de arrogancia intelectual, de amor por la ignorancia y crudeza, de amargura, y de celos.

 

El Directorio de Richard Baxter es enorme en su alcance y comprensibilidad. Ocupa 900 páginas de finas hojas escritas a dos columnas. Permítanme ofrecerles este índice general.

ETICA CRISTIANA

A. Para la persona no convertida

1. 20 direcciones para el no convertido

2. 30 obstáculos que separan de Cristo a los hombres

3. 10 maneras en que el no convertido es engañado y cree que ha sido convertido

B. Para cristianos débiles

20 direcciones de cómo crecer en la gracia

C. Direcciones Generales para Caminar con Dios

D. Para luchar con "grandes pecados más directamente contrarios a la santificación" [raíces motivadoras que subyacen en patrones más obvios de conductas pecaminosas].

1. Incredulidad

2. Dureza de corazón

3. Hipocresía

4. Idolatría de la aprobación; buscando complacer a otros

5. Idolatría del poder / influencia; orgullo

6. Idolatría de las posesiones; materialismo y afán

7. Idolatría de la apariencia física; sensualidad

E. Luchando contra resultados de "raíces" pecaminosas (más obvias conductas pecaminosas)

1. Control del tiempo (el pecado de perder el tiempo)

2. Control de los pensamientos

a. pensamientos vagos

b. meditación vs. introspección

c. pensamientos depresivos

3. Control de las pasiones

a. sobre dependencia ("amor pecaminoso") a cosas o personas

b. descontento

c. humor pecaminoso

d. ira y amargura

e. duda y desesperación

4. Control de los sentidos

a. glotonería

b. adicción a la bebida

c. fornicación e inmoralidad sexual

d. lujuria

e. regulación del sueño

5. Control de la lengua

a. procacidad, proferir juramentos

b. mentiras y decepciones

c. infantilismo/ñoñería

d. sarcasmo/burlas

3. 30 otros pecados de la lengua

6. Control del cuerpo

a. trabajo y pereza

b. deportes y recreación

c. moda y apariencia

 

Esta es solamente la primera sección del Directorio. ¡Hay tres más!

"Economía cristiana" se refiere a relaciones cristianas: esposos y esposas, el empleador y el empleado, de padres e hijos. Además, Baxter incluye aquí la relación del cristiano con Dios, el estudio de la Biblia, la oración, la comunión de los santos, los sacramentos, problemas de seguridad e inseguridad.

En las secciones tercera y cuarta se refiere a cristianos en la vida de la iglesia, y finalmente, en "Política cristiana" define las responsabilidad social cristiana.

 

Al llegar a este punto Baxter denota mayor madurez de pensamiento que otros puritanos (¡y la mayoría de consejeros de hoy!), quienes caen en esquemas individualistas y a menudopietistas en sus enfoques sobre el discipulado. Al contrario, Baxter describe en detalle los deberes públicos de discipulado de cristianos pobres y ricos, de quienes ejercen autoridad legislativa, de profesionales -abogados, médicos, profesores-, y del personal militar.

 

Discernimiento de Causas

Los Puritanos fueron capaces de hacer distinciones finas para diagnosticar la raíz causal de los problemas. El sermón de Baxter "¿Cuál es la mejor manera de conservarse en contra de la melancolía y la preocupación excesiva?" [What are the Best Preservatives against Melancholy and Overmuch Sorrow?] discierne cuatro causas posibles de depresión (pecado, fisiología, temperamento, actividad demoníaca) en una diversidad de inter relaciones.

 

Baxter enumera una lista de pecados que alimentan la depresión.

Primero señala inclinaciones pecaminosas ocultas como terreno para la misma: impaciencia, descontento, demasiado amor por el mundo material, egoísmo, desconfianza en Dios, falta de sumisión real a la soberana voluntad divina. Concluye que cualquier culpa sobre la voluntad pecaminosa (por ejemplo una mala conciencia) es causa de depresión.

Pero distingue cuidadosamente entre causas físicas y espirituales de un problema:

"en muchos sucede que una gran parte de la causa se debe a mal temperamento, debilidad, enfermedades del cuerpo -el alma se ve grandemente incapacitada por ello- pero cuando surge de tales necesidades físicas, puede verse que la pecaminosidad es menor y menos peligrosa al alma, no deja de ser un problema, pero es menor".

 

Luego señala algunas causas específicas del "excesivo afán" que se manifiesta como depresión. Incluye "dolor extremo, que el cuerpo es incapaz de soportar"; debilitamiento de las capacidades mentales (como la decadencia mental de personas muy ancianas); y "cuando el cerebro y la imaginación enloquecen" por otras razones corporales.

Demuestra balance notable.

Baxter reconoce que algunas depresiones no se derivan de pecado o de fallas para manejar la vida de acuerdo a como Dios dice (de hecho, al final de su sermón sobre la depresión provee direcciones para el cuidado de la salud!). Pero por otra parte reconoce lo complejo de la relación entre lo físico y lo espiritual. En la cita mencionada dice que si la afección es de origen físico "será menos dañina o peligrosa al alma".

Hay grados de pecaminosidad y de responsabilidad. En algunos casos, cuando el dolor de una persona es moderado, su tristeza pudiera deberse a rechazar confiar en Dios. Pero si el dolor es violento e insoportable, el cuadro de histeria tendría poco pecado involucrado.

 

Esto es muy instructivo. La investigación moderna ha encontrado bases fisiológicas para todo, desde adicciones hasta esquizofrenia hasta el egoísmo. Por un lado existe el peligro de que los consejeros bíblicos ignoren esta información e insistan que virtualmente todo problema deriva completamente de pecados deliberados. Pero por otra parte hemos de resistir la creciente tendencia a nombrar cada problema como "enfermedad", sobre la cual el paciente no tiene control y tampoco responsabilidad.

 

Pero Baxter no ha terminado.

Expone otras dos raíces como causa de depresión, "esta complicada enfermedad del alma". Temperamento es un factor. Algunos exhiben un "temperamento natural" timorato y apasionado, que si bien no es la causa primaria puede considerarse como inclinación a la tristeza. Agrava el "excesivo afán" y ciertamente produce que las personas sean más proclives al mal que otras.

 

Además, enfoca su atención en la actividad satánica como causa de depresión. "Debo señalar que la persona melancólica es sincera, a punto tal que el conocimiento de causa de la actividad satánica sería más de consuelo que de tristeza". Ciertamente el diablo posee las almas de impíos, pero también es verdad que intenta aciones frecuentes contra los santos.

Estas acciones pueden incluir enfermedades del cuerpo (pone a Job como ejemplo) y también tentaciones que inyectan corrientes de pensamientos pecaminosos y blasfemos en la mente.

Baxter señala con todo cuidado que Satanás "no puede hacer lo que desea contra nosotros, pero que nosotros le otorgamos ventaja para hacerlo. No puede romper nuestra puerta, pero entrará si la dejamos abierta. Puede tentar fácilmente a una persona ...tranquila a la pereza, ...una colérica hacia la ira, ... una sanguínea hacia la lujuria..."

Es importante darse cuenta que Baxter no busca trabajar pastoralmente sobre Satanás en forma directa, dirigiéndose a él autoritativa y directamente, comandándole, como algunos hacen hoy en día. En lugar de ello, el puritano busca "cerrar la puerta" que hemos dejado abierta al diablo. "La mayoría de las acciones diabólicas sobre el alma tienen a Satanás como padre y nuestro propio corazón como madre."

Baxter lucha contra la actividad satánica permitiendo que la persona atormentada no se sienta culpable por sus pecaminosos pensamientos e imaginación (los cuales provienen de Satanás), siempre y cuando tal persona no actúe en pos de ellos.

 

Intriga el balance provisto por Baxter. No cree que la actividad satánica deba ignorarse en el diagnóstico y tratamiento. De hecho consuela a la persona afligida al mostrarle la mano de Satanás en sus problemas. Confronta la actividad demoníaca con oración ferviente y estimula al creyente a usar la autoridad que posee en contra de conflictos espirituales. Muestra al creyente cómo eliminar los "agarres" que ha otorgado a Satanás (como amargura, por ejemplo, ver Efesios 4:27; 2Corintios 2:10,11).

Sin embargo, el puritano no califica la "posesión demoníaca" como la causa principal de cualquier problema cristiano.

Otro autor, Lovelace, desglosa el enfoque puritano cuando escribe que "el remedio ordinario pudiera no ser exorcismo sino consolación en la plenitud de Cristo, incluyendo mejor entendimiento de nuestra autoridad contra agentes demoníacos y fortaleciendo nuestra resistencia contra ellos en áreas débiles de nuestra personalidad."

 

El balance de los Puritanos en el conocimiento de las raíces de problemas personales no se replica en la práctica pastoral de los evangélicos modernos. Los consejeros de hoy tienden a "especializarse" en alguno de los factores descritos por Baxter.

 

Algunos delimitan el pecado personal como causa de casi todos los problemas.

Otros han construído un método de consejería basado en el análisis de "temperamentos transformados".

Otros más han desarrollado "ministerios de liberación" donde analizan problemas personales básicamente en términos de actividad demoníaca.

Y por supuesto, algunos evangélicos han adoptado por entero el "modelo médico" de enfermedad mental, removiendo todo concepto de "culpa moral" del paciente, quien no necesita arrepentimiento sino el tratamiento de un médico.

 

Pero Baxter despliega ante nosotros una apertura objetiva para el descubrimiento de cualquiera de estos factores en el diagnóstico y nos muestra que de hecho todos son factores esperables, usualmente presentes. Cualquiera de ellos podría ser principal, con el cual hay qué lidiar primero para luego combatir los demás.

 

Vemos pues la sofisticación del enfoque Puritano como médicos del alma.

Es verdad que a veces hacen más distinciones de la cuenta (cualquier lector de un sermón puritano de 14 puntos podría reducirlos a tres o cuatro encabezados!). Pero por desgracia para los consejeros bíblicos de hoy, a menudo se nos acusa correctamente de ser simplistas.

Hemos de aprender de los cuidadosos métodos diagnósticos de estos Padres de la Fe.

 

3. Los puritanos dieron soluciones balanceadas, no apoyadas en "teorías de personalidad" particulares.

Hemos visto cuán balanceados fueron en sus diagnósticos de causas de problemas personales. No debiera sorprendernos descubrir cuán balanceados fueron también en sus prescripciones y tratamientos.

Muchos consejeros cristianos tienden a reflejar enfoques seculares que, o fijan su atención en los sentimientos (como el enfoque provisto por Rogers, centrado en el cliente), o lo hacen en las acciones (como el enfoque conductista de Skinner y colegas), o lo hacen en "raciocinio" (como las terapias emotivo-racionales de Ellis y Beck).

Los Puritanos no caen en ninguna de estas categorías modernas.

 

Considere la discusión clásica sobre tentaciones que hace Thomas Brooks en "Remedios Preciosos" [Precious Remedies]. Cada tentación tiene raíces doctrinales. Brooks describe raíces de tentación en falsos arrepentimientos, en entendimiento inapropiado de la santidad de Dios, y en el hueco entendimiento del pecado remanente.

Muchas otras tentaciones tienen raíces sociales, por ejemplo malas compañías, la idolatría de buscar la complacencia de otros, o la desilusión provocada por líderes cristianos inconsistentes. Y muchas tentaciones provienen de pensamientos distorsionados sobre fuentes verdaderas de satisfacción. Tendemos a "racionalizar el pecado como si fuera virtud."

 

En cada caso Brooks considera de tres a cuatro "remedios", es decir enfoques de consejería. Algunos son conductas de "tareas en casa", como el alejarse de maas compañías. Otros son remedios de consuelo puro, como por ejemplo a la persona que repetidamente cae en pecado de la naturaleza. En lugar de sólo exhortar al arrepentimiento, Brooks alienta tiernamente. Puntualiza que "incluso el más renombrado y ahora coronado de los santos, en sus días terrenales tuvo recurrencias en el mismo pecado. Una oveja también puede caer en el pozo, igual que un cerdo."

Con gentileza, recuerda también al creyente desconsolado que ninguna experiencia de convicción de pecado o incluso del amor divino puede "vacunar o asegurar el alma contra la posibilidad de recurrir en el mismo pecado". Hasta personas como Pedro, testigo de la gloria de Cristo en el monte, más tarde le negó. Esta clase de consejería se dirige a traer consuelo y paz a la persona sujeta a dolor emocional.

 

Con todo, los remedios de Brooks parecieran muy similares a la terapia "cognitiva".

El puritano ve los problemas como debidos en gran medida a distorsiones doctrinales, a incredulidad, a mentiras que creemos de Dios y de nosotros mismos. Por lo tanto sus remedios son apasionados argumentos escriturales en los cuales confiar con fuerza y constancia de modo consciente contra las mentiras que estén dominando en el corazón.

Urge constantemente al lector a "profundizar" en verdades particulares.

Por ejemplo, reconoce que muchos son tentados a presumir de la gracia. Creen que "la obra de arrepentimiento es fácil, y por ende su alma no tiene que lidiar con pecado. ¡Cómo! Supón que pecas -dice Satanás- bueno, no es tan difícil regresar, confesar, estar contristado y pedir perdón".

Brooks dice a la persona que se halla bajo el poder de semejante distorsión que recuerde cuál es la naturaleza del diablo, un mentiroso. Antes de pecar, te dirá que es fácil arrepentirse; pero después de pecar te dirá que arrepentirse es muy duro! Ambas cosas son mentira. "Ah almas, les tienta a pecar al sugerir lo fácil del arrepentimiento mientras socava hacia la desesperanza, y luego presenta el arrepentimiento como lo más difícil del mundo, como un trabajo tan arduo para el hombre así como el cielo lo es el infierno, como la luz a las tinieblas. Oh que tú fueras sabio para romper tus pecados con oportuno arrepentimiento! Arrepentirse es una obra que debe hacerse oportunamente, o nunca jamás se logrará."

 

En otro ejemplo explora el problema de la prosperidad de los malvados. Muchos cristianos se autocompadecen y pecan al ver la prosperidad de impíos y sus vidas confortables. Brooks ayuda a que la persona tentada "observe la cuenta estricta que los hombres vanos habrán de rendir sobre los bienes que han disfrutado." Cita a Felipe de España en su lecho de muerte, clamando "¿de qué me sirve toda mi gloria si soy atormentado en mi muerte?". Brooks recuerda al creyente ver las cosas desde la perspectiva de los juicios de Dios. Que no hay mayor miseria en esta vida que no haber padecido miseria ni aflicción, no haber experimentado la vara de Dios! (Oseas 4:7)." Poderosos argumentos para que el creyente "considere."

 

Es un balance notable. Tal pareciera que los remedios de Brooks son semejantes a la terapia "cognitiva": cambio de ideas para aliviar ansiedad, miedo, depresión. Tal pareciera en ocasiones como un "conductista": cambio inmediato de patrones de vida.

La realidad es que Brooks no tiene miedo de profundizar buscando motivos y deseos. Consuela. Toma muy en serio estados emocionales.

 

Luego entonces, ¿es Brooks conductista, terapeuta cognitivo, consejero Rogeriano? No. No es ninguno de ellos.

Su balance proviene del hecho de no ser controlado por modelos cognitivos sobre la personalidad ni por modelos conductistas. No considera que el pensamiento o la conducta o las emociones constituyan las porciones más básicas de la personalidad. Tampoco ofrece su propia versión teórica de la personalidad donde interrelacione estos componentes en un patrón nítido de causa-efecto.

Más bien se concentra en el corazón (una palabra que a menudo intercambia con alma). Los "movimientos" del corazón son pensamientos, sentimientos y acciones. Los problemas se presentan cuando el corazón opera en incredulidad. Los problemas se solucionan cuando se "presenta" al corazón la verdad de la Palabra de Dios (terminología de Brooks), e influye sobre los pensamientos así como la voluntad y emociones.

Brooks instará a obedecer una verdad de inmediato y al mismo tiempo reflexionar y meditar hasta que el principio pensamientos e sentimientos, ambos.

 

4. Los puritanos fueron realistas sobre el pecado remanente, conflictos y problemas que son rutinarios en el caminar de la vida cristiana.

 

La visión puritana del pecado

Con pocas excepciones, fueron de teología reformada. Creían en la depravación radical del corazón humano y en la continua presencia del pecado remanente en el creyente.

Los evangélicos de hoy no suelen reflejar este realismo debido a un nebuloso entendimiento de lo que es el pecado.

En algunos círculos, la tendencia es catalogar la conducta compulsiva fuertemente arraigada como posesión demoníaca o algo semejante y rechazar que un creyente verdadero pueda experimentar tal conducta. Otros evangélicos adoptan el "modelo de enfermedad" para cualquier adicción. Esta visión absuelve al paciente de responsabilidad: es la víctima de condiciones biológicas o algún otro severo trauma sufrido en su niñez.

 

Estas ideas presumen una visión no-Agustiniana sobre el pecado (como acciones voluntarias, de la voluntad). Tal visión teológica del pecado que no lleva al inmediato arrepentimiento y a esfuerzos de disciplina personal se considera demónico o físico (o imposible!). Pero los Puritanos, debido a su conocimiento del pecado remanente (la carne), reconocían la existencia de problemas profundos asociados a pecado y que solamente habrían cambios como resultado de la gradual "penetración de la verdad."

Para analizar la visión y entendimiento del moderno super optimismo evangélico de la vida cristiana basta con hojear los títulos de los materiales más populares sobre discipulado. Por citar un ejemplo, el material de Los Navegantes "Diseñado para Discipular" [ The Navigator's Design for Discipleship]. Este material se utiliza como parte de un curso de dos años llamado "Series 2:7". Todo el programa de dos años dedica sólo tres capítulos al tema de juicios y conflictos con el pecado.

 

Contraste lo anterior con el concepto puritano "diseñado para discipular" del Directorio de Baxter. Baxter analiza a profundidad el deslizamiento y la pérdida de seguridad (el sentido de estar distanciado de Dios). Provee inventario específico de los "grandes pecados" (incluyendo materialismo y orgullo, no mero sensualismo), provee ayuda contra tentaciones, los "beneficios de las aflicciones", e instrucciones maravillosas para confrontar la muerte. Mientras que el material de Los Navegantes asume una existencia general tipo clase media, segura, Baxter enfoca los problemas particulares del pobre, del rico, del oprimido, así como del profesional.

 

Y Baxter no es un autor aislado en este "realismo". Otros dos textos puritanos son clásicos sobre el tema de la depresión (Thomas Goodwin's A Child of Light Walking in Darkness y William Bridge's A Lifting Up for the Downcast). Ambos asumen que el cristiano verdadero con "verdadera paz" atravesará períodos desérticos -tiempos donde se ha escondido la luz de Dios.

Bridge cita diversas causas en la pérdida de paz:

(1) "grandes pecados" (conducta pecaminosa obvia)

(2) "debilidad en la gracia" (aumento del orgullo y deseos idolátricos subyacentes)

(3) "negligencia en el deber" (de disciplinas básicas en los medios de gracia)

(4) "falta de seguridad" (acusaciones demónicas sobre la consciencia)

(5) "tentaciones"

(6) "deserción" (distanciamiento deliberado de Dios con propósito de disciplina)

(7) "aflicción"

(8) "inutilidad" (falla en usar dones para ministerios)

(9) "desalientos derivados de la condición misma" (deprimirse porque se está deprimido!)

 

El dominio del pecado

En esencia, la causa principal del realismo puritano deriva de su total entendimiento sobre la naturaleza del pecado remanente. Las cuatro obras de John Owen le convierten en el maestro por excelencia: "Sobre la Mortificación del Pecado en el Creyente", "Sobre Tentaciones, su Naturaleza y Poder", "Naturaleza, Poder, Decepción y Prevalencia de los Remanentes del Pecado en Creyentes", y su "Tratado sobre Los Dominios del Pecado y la Gracia" [“Of the Mortification of Sin in Believers,” “Of Temptation: The Nature and Power of It,” “The Nature, Power, Deceit, and Prevalency of the Remainders of Indwelling Sin in Believers,” and “A Treatise on the Dominion of Sin and Grace.”].

Para Owen, la principal diferencia entre creyentes y no creyentes es la ruptura del dominio del pecado (Romanos 6). Sin embargo, en el creyente permanece la influencia del pecado con sus mismas tendencias básicas, aunque debilitadas. Por lo tanto hay dos problemas pastorales: convencer de su ubicación a quienes todavía estén bajo el dominio del pecado y convencer de su nueva ubicación a quienes ya no están bajo el dominio del pecado. Un buen consejero bíblico debe prepararse para ambas tareas con sumo cuidado.

 

¿Cuáles son los signos del dominio del pecado?

Para Owen, algunas veces el dominio es muy discernible ...como en el caso de quienes visiblemente entregan sus miembros a ser instrumentos de injusticia y pecado. Una vida abiertamente licenciosa muestra a tal persona sujeta al dominio del pecado -sin importar lo que diga. Pero Owen rápidamente nos muestra que el dominio del pecado no siempre es evidente.

Una vida de moralidad externa, de interés en estudios bíblicos, de gozo en los deberes religiosos, y de arrepentimiento de pecados externos no son sinónimos de estar libres del dominio del pecado (todos estos signos pudieran estar presentes y sin embargo que el pecado reinara en tal persona). El pecado reina cuando la "imaginación" (es decir los motivos) del corazón se halla controlada por el pecado.

Los patrones básicos de la imaginación pecaminosa son tres, según Owen: (1) "orgullo, auto-exaltación, deseo de poder y de grandeza", (2) "sensualidad y falta de limpieza de vida", (3) "incredulidad, desconfianza, pensamientos duros acerca de Dios". Egoísmo, auto-gratificación, voluntariedad.

 

Si bien el creyente ya no está bajo el dominio del pecado, sin embargo no escapa a su influencia. La influencia tiene poder real, permanece en el creyente aunque esté destronada. La "carne" se refiere a esa corrupción remanente que anhela ser Dios en lugar de colocarse bajo Dios. Es un principio de aborrecimiento a Dios.

Egoísmo, auto-gratificación, voluntariedad están presentes en cada uno de nosotros. Como cristianos hemos de aprender a detectar la carne y sus operaciones cuando, como en las raíces de viejos árboles, penetra y enreda la vida por debajo de la superficie. A menos que seamos capaces de discernir tales raíces, nos controlarán y distorsionarán y nos harán realizar incluso deberes piadosos con motivaciones falsas.

 

Egoísmo, auto-gratificación y voluntariedad deben discernirse cada vez que aletean y afectan nuestra conducta, relaciones, actitudes, posturas. Los puritanos no se asombrarían con las revelaciones sobre líderes cristianos (aparentemente) efectivos en inmoralidad sexual. Ellos sabían cuán fácilmente es que un cristiano verdadero haga su ministerio y buenas obras bajo el control de la carne.

Lovelace: "no es sorpresa darse cuenta que muchas congregaciones llenas de personas regeneradas están, sin embargo, medio muertas en lo espiritual, puesto que la vida espiritual demanda metanoia, una nueva mente arrepentida, y esto requiere mucho más que programar el corazón contra las sombrías expresiones del pecado -como cuando el creyente recién es convertido... muchas congregaciones de cristianos profesantes están saturadas de esta clase de justicia muerta... justicia superficial que no proviene de fe y acción renovadora del Espíritu, sino de orgullo religioso condicionado conforme a tradiciones..."

 

¿Cómo entonces establecer diferencia entre dominio del pecado y pecado remanente en el creyente? Owen escribe cuán crucial es para un consejero poder decir la diferencia.

Especialmente importante porque el pecado puede ser más violento y en apariencia más fuerte porque ha sido destronado y está muriendo.

Owen primero enseña que el dominio del pecado se nota en la "dureza de corazón." Los creyentes que pudieran sufrir la influencia del pecado se entristecen de sus propias motivaciones pecaminosas. Tal tristeza y preocupación de su pecado es signo saludable de que esta persona no está bajo el reinado del pecado.

También, puntualiza que el creyente verdadero experimenta "mortificación": reconocen y trabajan en sus motivaciones pecadoras y no solamente en su conducta externa. "Cuando las únicas restricciones sobre el pecado son las consecuencias de las acciones, el pecado tiene dominio sobre la voluntad."

 

Los Puritanos (y Owen no es la excepción), fueron preocupados al extremo para clasificar todo. Pero incluso Owen admite que hay un tipo de "condición intermedia" en la cual es imposible decir si una persona está bajo el dominio del pecado o si ha caído en una pérdida de poder espiritual irrecuperable con los medios ordinarios de la gracia. Por ejemplo el caso de David en los meses posteriores a su adulterio con Betsabé. En tales casos un pastor debe enfrentar a la persona como lo hizo Natán, advirtiéndole en los más fuertes términos sobre el peligro.

 

Por supuesto, el tipo de consejería para quienes están bajo el dominio del pecado es evangelismo. Owen nos dice que estas personas están adoloridas por las consecuencias de su pecado, pero son incapaces de ver su pecado como pecado. Necesitan la presentación clara y directa del evangelio.

La mortificación del pecado

¿Y qué acerca del creyente controlado por su pecado remanente? ¿Qué si un cristiano halla que su pecado remanente debilita su comunión con Dios, destruye su paz y seguridad, hiere su conciencia y endurece su corazón?

La respuesta de Owen es doble: necesita ser aconsejado para realizar "mortificación" y para "poner tu mente en las cosas de arriba." Owen escribió su tratado sobre la mortificación y sobre "La Gracia y el Deber de Contar con Mente Espiritu" [The Grace and Duty of Being Spiritually Minded] basado en Romanos 8:13 (si por el Espíritu hacéis morir [mortificar] las obras de la carne, viviréis) y Romanos 8:5-6 (los que viven de acuerdo al Espíritu tienen su mente en las cosas del Espíritu). Por el momento veamos la ayuda que Owen brinda al consejero en su enseñanza sobre la mortificación.

 

Mortificar es eliminar el pecado a nivel motivacional, detectar raíces y formas de nuestros característicos motivos carnales y destilarlos mediante arrepentimiento hasta eliminar su atractivo poder.

Mortificar es eliminar todo principio de poder, vigor y fortaleza de modo que el pecado no pueda más actuar o ejercer o instrumentar ninguna acción de su propiedad.

Mortificar no es la mera supresión de las acciones externas del pecado, sino el debilitamiento de la raíz motivacional, los deseos del pecado.

 

¿Cómo mortificar el pecado? Medidas a discernir según Owen:

(1) Es fundamental que la persona sea cristiana antes de iniciar esta labor. No es trabajo para alguien incrédulo. Es absolutamente necesario que haya entendimiento del evangelio y la regeneración mediante la fe. Sin entendimiento de su lugar respecto a Cristo, un incrédulo no podrá arrepentirse en su totalidad o aceptar la completa dimensión de su pecado. Es demasiado devastador. La conciencia debe tener un marco de referencia y sustentarse en el evangelio para lograr arrepentimiento profundo.

 

(2) Reconocer la forma que toma el pecado. ¿De complacencia a otros? ¿Necesidad de poder? ¿Orgullo? ¿Pensamientos de envidia? Observe las motivaciones más básicas. Hemos de reconocer y "levantarnos contra las primeras acciones de nuestro pecado". Son como el agua de un canal: una vez roto, seguirá su curso... Pregunta a la envidia lo que realmente anhela -muerte, destrucción al final del camino.

Y hemos de reconocer los peligrosos signos del "deseo no mortificado". ¿Se ha presentado por un largo período? ¿No hay disgusto sino más bien deleite en el pecado? Es fundamental darse cuenta de la necesidad de tomar medidas extraordinarias.

 

(3) Llenar la mente y consciencia con los peligros y culpa del pecado al presentarlo a la cruz. Hemos de ver al pecado por lo que es, desenmascararlo y verlo en toda su fealdad, no por lo que ha hecho con uno. Hay dos pasos para desenmascarar.

 

(3.1) para ver los peligros, consideremos todas las consecuencias: endurecimiento del corazón, pérdida de paz y fortaleza, pérdida de seguridad de ser cristiano, y la posibilidad de corrección temporal o castigo de Dios.

(3.2) pero se requiere más que considerar consecuencias (tristeza basado en ello puede ser producto del amor propio). Es necesario cargar la consciencia con la "culpa" del pecado. Entristece al Espíritu, hiere al nuevo hombre dentro de sí, le hace inútil para Dios -quien ha hecho mucho por él-, ofende Su santidad y majestad y desparrama la sangre de Cristo.

Es importante hacer esta convicción de culpa evangélica, tan opuesta a la convicción legal. Se logra al tomar el pecado de uno y colocarlo no solo ante la Ley (si bien debe reflexionarse en la majestad y santidad divinas para que haya convicción) sino también ante el Evangelio -a la cruz de Cristo. Una sana convicción de pecado crecerá al ver la paciencia de Dios, las riquezas de Su gracia, el sufrimiento de Cristo, todo, de modo que uno cesará de pecar. Trae tus deseos al Evangelio para mayor convicción de culpa, no sólo alivio. Dí a tu alma "¿Qué he hecho? ¿Qué amor, qué misericordia, cuál sangre, cuál gracia he menospreciado? ¿Es ésta la paga que doy al Padre por Su amor, al Hijo por Su sangre, al Espíritu Santo por Su gracia? ¿Me atrevo a menospreciar el propósito de la muerte de Cristo?"

Advierte cada día a tu conciencia con estas palabras. Observa si ella tolera el agravamiento de su culpa. Si no se derrite en alguna medida, tu caso es muy peligroso.

Este proceso de cargar la conciencia ante la cruz de Cristo ayuda al pecador a aborrecer al pecado en sí mismo. Comienza a perder su atractivo y su poder para mover deseos y cometer acciones pecaminosos.

 

Muchos consejeros de hoy, bajo influencia de las "corrientes del auto-estima", pensarán que este enfoque es riesgoso. Pero Owen claramente advierte que "aplicar misericordia a un pecado no vigorosamente mortificado es cumplimentar la carne por encima del Evangelio. Es natural que una persona exprese tristeza breve por algún pecado y luego se justifique rápidamente con algún versículo sobre el perdón (por ejemplo 1 Juan 1:8-9). Pero esto ocasiona tremendo endurecimiento del corazón, en especial en aquellos que caen repetidamente en el mismo pecado. Su arrepentimiento suele ser intelectual o basado en miedo a las consecuencias. Sin convicción evangélica de su pecado no habrá real arrepentimiento, ni un verdadero despertar a la presencia del pecado en su vida.

Richard Sibbes definió de manera clásica el arrepentimiento como "no una mera inclinación de nuestra cabeza... tristeza que convierte al pecado en algo más odioso que el castigo, de modo que provoca violencia santa contra él."

Cuando algunos claman que el enfoque de Owen provoca "falta de auto-estima", auto-aborrecimiento, ignoran la diferencia entre el arrepentimiento legal y el evangélico (ver también comentarios de Stephen Charnock para más ayuda).

Owen explica que hemos de llevar nuestro pecado a la cruz y que cualquiera haciendo mortificación debe tener su consciencia enmarcada por el evangelio de la gracia.

 

(4) Luego de cargar la conciencia, hemos de ir a las promesas escriturales de misericordia y gracia mediante las cuales Dios habla paz a la conciencia. Esto se hace dirigiendo la fe hacia la muerte, sangre y cruz de Cristo. "Coloca fe en la obra de Cristo... Su sangre es el gran remedio soberano... vive en esto y morirás siendo conquistador, sí, lo serás, mediante la buena providencia de Dios, vivirás para ver la muerte de tus deseos a tus pies... acciona fe sobre la muerte, sangre y cruz de Cristo, esto es, en Cristo como el Cordero inmolado."

 

Hemos de meditar en Cristo crucificado no sólo para obtener sentido de perdón sino confianza en que -gracias al triunfo de Cristo- el pecado no tiene ni tendrá más dominio sobre nosotros. Esto proporciona gracia y fortalece santidad. Y ahora, debido al trabajo previo de cargar la conciencia, encontraremos preciosas y consoladoras las doctrinas sobre la gracia y misericordia divinas, como nunca antes. Nos encontrarán con amor para Dios y nueva libertad del pecado.

Owen puntualiza que no debiéramos hablar de paz a nuestra alma sino hasta que Dios lo haga.

 

Pareciera que dice algo así como "espera a que sientas cierta clase de experiencia emocional de Dios para decir que eres perdonado." Owen no dice esto.

Durante el proceso de mortificación un creyente no debe albergar dudas de la aceptación de Dios. No hay condenación para quienes están en Cristo Jesús (Romanos 8:1).

Lo que Owen dice es que la mortificación es obra exclusiva del Espíritu: El es el único medio "eficiente" de mortificación. Nosotros no podemos hacerlo. En otras palabras, es el Espíritu "quien trae la cruz de Cristo al corazón del pecador, mediante la fe". O sea que no debiéramos ser tan rápidos para finalizar nuestro proceso de mortificación. Si decimos que el proceso ha terminado, cuando aún hay poca o ninguna humillación o gozo o libertad experimentada, estamos siendo "auto-sanadores".

 

(5) Continuar vigilantes, descubriendo "ocasiones para el pecado", las situaciones y condiciones que en particular nos arrastran a pecar. Hemos de fortalecernos contra ello. Esto significa recordar lo que hemos aprendido de nuestra mortificación íntima y usarlo en nuestro corazón cuando encaramos situaciones de pecado en el mundo. Ensayar aquellas cosas que el Espíritu nos ha enseñado y utilizar nuestra nueva libertad para guardar nuestro corazón (actitudes, pensamientos) y nuestros pasos (acciones) en dichas situaciones.

 

(6) Orar de modo consistente, por mayor disgusto contra el pecado así como el anhelo de ser librados de él. En otras palabras, orar por arrepentimiento profundo. Mientras que los primeros cuatro pasos de la mortificación se dan gracias a tiempos concentrados de oración, los últimos dos pasos suceden de modo continuo y constante en el diario vivir.

 

La Teología Puritana sobre el Pecado Remanente, expuesta magistralmente por John Owen, tiene multitud de implicaciones para la consejería. Arroja luz sobre aspectos teóricos.

Primero, hemos visto que los patrones de pecado recurrente y conductas adictivas tienen antecedentes. Hay raíces y causas detrás de las acciones en las cuales es necesario trabajar. Puesto que nuestra carne tiene "formas" o patrones, podemos conocerlos y erradicar los motivos de maldad a los que somos inclinados.

 

Segundo, hemos sido salvados de la idea de que es fácil lidiar contra el pecado mediante arrepentimiento fácil y fuerza de voluntad. Y de mantenernos en la creencia de que no somos responsables de nuestra propia conducta.

 

Tercero, tenemos solución para la controversia de la autoimagen: hemos de vivir por fe. Hemos de reprogramar el entendimiento de nosotros mismos, pero no haciendo un inventario de nuestras "buenas cualidades".

 

Hay también implicaciones prácticas, metodológicas, de la visión puritana del pecado remanente. Los estándares modernos para cualquier persona que lucha con patrones profundos de auto- gratificación o de voluntariedad dicen que "usted no es responsable", o que "un verdadero cristiano no sentiría así" o "usted está endemoniado".

Pero Owen alentaría y consolaría a esta persona. Le diría que "tiene un patrón de la carne que solo se debilita mediante concentrada oración, obediencia a y penetración de la verdad del evangelio. Tu duelo y tristeza por el pecado es signo maravilloso de que el pecado no reina en ti, eres un creyente, y por tanto, es posible vencer en Cristo tu particular esclavitud."

¿Cuál es mi evidencia clínica de que la consejería pastoral de Owen funciona?

Que la he usado personalmente durante muchos años con grande ganancia. Y John Owen me consoló grandemente, con gran efectividad, en un período de mi vida cuando nadie más pudo hacerlo.

 

5. Los puritanos entendían al hombre como un ser fundamentalmente adorador, y vieron a su imaginación idólatra -creadora de ídolos- como la raíz de los problemas.

Ya hemos dicho que el punto de vista puritano sobre la consejería pastoral es que debía ayudar al creyente (y al no creyente) a detectar su pecado remanente, para revelar motivaciones y deseos subyacentes localizados justo debajo de la superficie de la conducta.

Vimos que buscaron ayudar a discernir los patrones o "formas" de la carne en los afectados.

 

Sin embargo, para entender mejor su enfoque de consejería hemos de considerar lo que juzgaban la esencia del carácter pecador: idolatría, así como la naturaleza fundamental del hombre como una criatura adoradora.

 

El corazón como fábrica de ídolos

Stephen Charnock lo ilustra por completo en su "Discurso sobre la Existencia y Atributos de Dios" [Discourses upon the Existence and Attributes of God]. Primero, "todo pecado se fundamenta en ateísmo secreto... cada pecado es un tipo de maldición a Dios en el corazón; su objetivo es la destrucción virtual del ser de Dios... en cada pecado, lo que un hombre intenta es colocar su propia voluntad como la regla, y su propia gloria como el fin de sus acciones...".

Cada pecado constituye el esfuerzo de girar la adoración de Dios hacia la adoración de sí mismo. Este es el punto de vista puritano. En la base de la naturaleza humana no se halla alguna "necesidad" de relaciones o felicidad sino la necesidad de adoración. El hombre debe adorar. En su raíz, pecar es auto-adorarse.

Charnock habla de los efectos de la auto-confianza o auto- adoración. "El desordenado amor por uno mismo es el primer paso a toda iniquidad. Así como la gracia es despegarse de uno hacia Dios, así el pecado es disminuir de Dios hacia el aumento del egoísmo carnal... por lo tanto, es posible deducir que todo pecado es rama o modificaciones de esta pasión fundamental." El autor demuestra que la ira incontrolable es tan solo orgullosa defensa propia, que la envidia es simple deseo egoísta de obtener deleite a expensas de otro, que la impaciencia es demanda orgullosa de soberanía sobre el horario propio, que el alcoholismo es mera auto indulgencia, que el deseo de auto-estima es el simple deseo orgulloso de elevar el yo por encima de otros. "Pecado y Yo son sinónimos. Lo que se denomina vivir para el pecado en un sitio (Romanos 6) se llama vivir para la carne en otro (1 Corintios 5:15)."

 

Analicemos que Charnock llama pecado al amor propio desordenado. Discute tres tipos de amor propio:

(1) está el amor propio "natural" que los seres humanos compartimos con todos los seres vivos. Es una preocupación consciente de lo no propio en temas de salud e integridad, de afecto por nuestra existencia. Pablo se refiere a ello cuando escribe "nadie aborrece su propio cuerpo, sino que lo cuida y alimenta" (Efesios 5:29). Este tipo de amor no tiene nada que ver con la "auto-imagen."

 

(2) El amor propio "carnal." El puritano escribe que "cuando un hombre se ama más a sí mismo que a Dios... cuando los pensamientos, afectos, designios están centrados sólo en el interés propio." Se trata de amor propio natural llevado a exceso criminal bajo la influencia del pecado. Se tienen expectativas de bendición de uno mismo que siempre estarán frustradas.

 

(3) El amor propio "de la gracia", solamente generado por el Espíritu Santo. "Cuando nos amamos con fines más altos que la naturaleza de la criatura... por ejemplo, en sujeción a la gloria de Dios." Charnock dice que el creyente fue creado para buenas obras (Efesios 2:10), y que cuando empieza a ver esto como el "fin" o propósito, entonces halla satisfacción consigo mismo. Esta visión no es de ningún modo la versión puritana de la "auto-estima." Es más bien un estado de paz y satisfacción que deriva del entendimiento adecuado de uno mismo, que encaja con nuestra verdadera naturaleza de siervos.

 

Después, Charnock discute el resultado de la idolatría propia: "el hombre hará fin y felicidad de cualquier cosa excepto de Dios." Puesto que nos adoramos a nosotros mismos, hacemos dioses de otros objetos -aparte de Dios-, creando nuestras propias 'religiones' como un medio para continuar a cargo de nuestras vidas."

Este hombre actuará como si Dios no pueda hacerlo feliz a menos que agregue otra cosa. El glotón hace un ídolo de sus glotonerías. El ambicioso hace un ídolo de su honor. El incontinente hace un ídolo de su lujuria. El codicioso hace ídolos de su riqueza. Cada uno estima estas cosas como su bien más preciado, su fin más noble, hacia el cual dirige todos sus pensamientos. Por tanto vilipendia y disminuye al verdadero Dios, quien pudiera hacerlo feliz, en una multitud de dioses falsos que sólo pueden hacerlo más miserable.

 

He aquí la razón básica del por qué nuestro pecado remanente adopta formas diferentes: cada uno fabrica ídolos o dioses falsos ante los cuales nos inclinamos. Creemos que nos traerán bendición, un imposible. Charnock continúa y lista algunos de los ídolos comunes: riqueza terrenal (materialismo), reputación terrenal (idolatría del poder), placeres sensuales (idolatría de la gratificación física), el respeto de los hombres (idolatría del amor de la aprobación).

 

Son obvias las implicaciones para consejería. Charnock mismo utiliza el modelo en su trabajo pesonal, advierte a sus feligreses sobre la necesidad de arrancar la raíz: "Todos somos adoradores de algún tipo de becerro de oro, establecido por educación, costumbre, inclinación natural y otros... cuando se derriba al general, el ejército huye. El ídolo principal es el manantial, otros pecados son simples afluentes... El Espíritu convence de pecados espirituales, he ahí su gran obra... presiona sobre lo espiritual, los primeros motivos, el concepto de nuestro propio valor, de orgullo contra Dios, incredulidad, y cosas semejantes."

Es decir que, por un lado, el ídolo (o ídolos) central de nuestra vida deriva directamente de nuestro problema fundamental, la adoración de uno mismo. Pero por otra parte observa que las formas particulares de estos ídolos derivan de un complejo de factores: educación, costumbres, inclinación natural.

 

En otras palabras, nuestra inclinación genética, nuestra experiencia, nuestra vida de hogar, etc., tienen que ver en la formación de nuestros problemas. Ahora bien, la cadena continúa siendo el pecado. Somos responsables de lidiar tales cosas como pecados. De nuevo, observemos el balance y visión puritanas en esto.

 

Así pues, ¿cuáles motivaciones o deseos subyacen detrás de nuestras conductas? ¿Por qué elegimos las metas que escogimos? ¿Por qué luchamos con los problemas que tenemos? ¿Qué hay "debajo de la línea del agua"? La respuesta puritana: el hombre es homo religioso, cada persona fabrica su propia religión de ídolos. Hay que identificarlos y arrancarlos de raíz mediante el proceso de mortificación.

Charnock, Baxter, Owen... si bien sus listas difieren en longitud, encontramos los mismos principios, el mismo análisis básico sustentado por la mayoría de los divinos.

 

El poder de la imaginación

¿Cómo es que los ídolos obran con tanta eficiencia en nuestras vidas? Mediante la imaginación, responderían los puritanos. En la persona incrédula (como dice Owen) la imaginación se halla dominada por completo por el pecado remanente y sus ídolos particulares. En el creyente la imaginación pudiera estar bajo el control de ídolos y por ende afectar ideas, afectos y acciones.

 

Uno de los primeros en definir la "imaginación" fue Richard Sibbes (1577-1635). Escribió que la imaginación era un "poder del alma", "limítrofe entre nuestros sentidos [por una parte] y nuestro entendimiento [por la otra]." El oficio de la imaginación es proveer material a nuestro entendimiento, para trabaja sobre él. Sin embargo, la imaginación pecaminosa "usurpa" y desvía el entendimiento.

Charnock es más específico, señala que la imaginación es el lugar "donde primero se forman o se da vida" a los pensamientos. La imaginación no es un poder diseñado para pensar, sino sólo para recibir las imágenes obtenidas por los sentidos y "cocinarlas" de modo que sean presentables a las ideas. Sería la cuenta de banco donde se depositan las adquisiciones de los sentidos y de ahí recibidas por las facultades del intelecto. De modo que el pensamiento es incoado [iniciado] en lo recibido, consumado en el entendimiento y terminado en las demás facultades. Los pensamientos generan opiniones en la mente. Los pensamientos inciden en la voluntad para consentir o disentir. Los pensamientos también proveen espíritu a los afectos.

 

Los terapistas cognitivos modernos definen el pensar como fundamental para la conducta y los sentimientos. Si cambiamos el pensar, podemos entonces cambiar sentimientos y conductas, de ahí su enfoque de acción. Pero los puritanos consideraban la imaginación como más fundamental que el pensamiento en el control de la conducta. Imagine dos ideas sentadas en el intelecto: "este pecado te hará sentir bien si lo haces" y "este pecado desagradará a Dios si lo haces." Ambas son ciertos en la mente. Ambas son creídas como verdaderas. ¿Cuál controlará el corazón? Es decir, ¿cuál capturará tu pensamiento, tus emociones, tu voluntad?

 

La respuesta puritana: tu mente y tu voluntad y tus emociones estarán controlados por la idea que se apodere de tu imaginación. Controlará todo tu ser al mismo tiempo. Porque la imaginación es aquello que da vida o realidad a un pensamiento. Es la facultad que otorga aprecio y valor.

Sibbes nombraría a la imaginación como opinión. Evoca imágenes. Después, de la imaginación surgen pensamientos, que iluminan la mente, derriten las emociones, mueven la voluntad a escoger.

 

 

El engaño del pecado

Nadie presenta mejor este punto que John Owen. Hemos visto cómo reconocía que el pecado remanente y sus ídolos influye en nosotros antes de cometer cualquier acto pecaminoso. Owen delinea también lo que llama el “engaño” del pecado -cómo labora para decepcionar o crear distorsiones y mentiras que se convierten en la base de la conducta pecaminosa.

Constituye la más clara descripción de cómo el pecado utiliza la “imaginación” para otorgar poder a los ídolos en nuestra vida.

 

Antes que nada, dice Owen, el pecado remanente nos hace perder apreciación de la vileza del pecado y de la maravillosa gracia. En otras palabras, estas verdades pierden control sobre nuestra imaginación. Se convierten en abstracciones, cesan de ser reales y vívidas. Pierden lo que los puritanos llaman “sazón” y se convierten en meras nociones intelectuales. Cuando esto sucede, se dificulta meditar y orar y cesamos en esfuerzos serios para buscar el rostro de Dios.

Después, si los pensamientos pierden foco los sentimientos hacia Dios se enfrían. Ya no nos encontramos llenos de amor, gozo, celo, o de humildad. Esto da pie a que la imaginación comience a apreciar el pecado. Desde el instante en que alguien concibe pecado sin experimentar disgusto por ello, tal persona “ha entrado en tentación.” Y cuando el pecado se hace manifiestamente deseable es porque ha capturado la imaginación.

Owen es de extrema ayuda cuando explica la operación de la imaginación mediante el término bíblico “deseo de los ojos.”

 

Ahora bien, no se refiere al sentido corporal de la vista, sino a fijar la imaginación a partir de este sentido en aquello que ha capturado. Le llama “ojos” porque así es como representamos las cosas en la mente y el alma, así como los objetos externos son visualizados en lo interno mediante la vista. Muchas veces, la visión externa provee la ocasión a las imaginaciones. Observe la declaración de Acán (Josué 7:21) de cómo prevaleció el pecado: primero vió el bordón de oro de la tela babilónica y después lo codició. Enrolló juntos placeres y ganancias en su imaginación y después los fijó en su corazón al obtenerlo. En verdad que el corazón pudiera detestar el pecado, aborrecerlo, y sin embargo, si la imaginación mental de un hombre es solicitada con frecuencia por el pecado, y la ejercita, tal hombre sabrá que sus emociones están siendo secretamente alimentadas y enredadas.

¡Así es como trabaja la imaginación! Enrolla placeres y ganancias, como cuando uno enrolla un alimento en la boca para saborearlo.

 

En tercer lugar, una vez que la imaginación ha sido capturada entonces quedará afectado el corazón. Owen, similar a todos los puritanos, enseña que el corazón es el asiento de todo el ser: mente, voluntad y emociones.

 

¿Cómo se afecta a todo el corazón?

La voluntad consiente a todo aquello que posea una “apariencia de bien, de bien presente.” En esta etapa podrían surgir “argumentos mentales.” El creyente comienza a racionalizar, a buscar razones para comportarse. El pecado “habla... razones... anhelos y anzuelos...” Las emociones se derriten e inflaman ante las representaciones vívidas de los placeres del pecado. Pero incluso en este momento es posible interrumpir la “cadena de engaño” si se reconocen los pensamientos como mentiras que son, productos de una imaginación pecaminosa (Thomas Brooks elabora una lista de 60 o más de las mentiras más comunes que ocurren en esta etapa de la operación del pecado remanente).

Más tarde, luego que el pecado ha desarrollado hábito, el ciclo continúa tan rápidamente que ya no existe más conciencia de “estadios o etapas”, de “anhelos”. La conducta erupta abiertamente y con muy poca resistencia.

 

Disciplina de una Mente Espiritual

¿Cómo puede la justicia capturar la imaginación de un cristiano? Este es el tema de Owen en su obra “Mente espiritual” [Spiritual Mindedness], un comprensivo y sofisticado manual de meditación cristiana.

Es necesario que la imaginación y los pensamientos sean llenos y programados para pensar “todo lo verdadero, todo lo noble, todo lo justo, todo lo que es admirable” (Filipenses 4:8). Para Owen, sin embargo, reprogramar la imaginación no es mero ejercicio intelectual. No es el simple aprendizaje de nueva información o de pasajeros pensamientos en la mente.

 

“Cultivar una mente espiritual” es tener la mente cambiada y renovada por un principio de vida y luz espiritual, de acción continua, con influencia sobre pensamientos y meditaciones de cosas espirituales, de emociones asentadas en ellos y derivadas con gozo y satisfacción. “Tener una mente espiritual”, consiste, primero, en “ejercicio mental activo” sobre temas espirituales.

 

Owen advierte que algunos pretenden tener una mente espiritual sin estudiar. Se encuentran sin “conceptos racionales” y carecen de “nociones sobre aspectos de fe y razón.” En tales casos, “lo único que tienen es imaginación de algo grande y glorioso, pero que no saben qué es... y cuando su imaginación fluctúa por un tiempo para arriba y para abajo sobre las dudas que tienen, finalmente en hunden en la nada”.

Pero hemos de ir más allá del estudio. En oración, meditación y aplicación, la obra presente del Espíritu Santo captura los “afectos” con la verdad de la Palabra. Tener mente espiritual es “gustar, saborear con fruición” verdades espirituales. “Lo espiritual tiene sal, condimento y sazón para una mente renovada; aquello que para otros es tan blanco como la clara de huevo, carente de sabor por completo... nociones especulativas sobre cosas espirituales, por sí solas, están secas, sin sazón, estériles. En este gusto, experimentamos que Dios es de gracia, y que Su amor es mejor que el vino... es el cimiento adecuado del ‘gozo inefable’ lleno de gloria.”

 

¿Qué es ser de mente espiritual? Es vivir en conciencia santa de, despertado por, el entendimiento espiritual de los privilegios y posición en Cristo.

Una vez que el consejero ha ayudado a identificar ídolos y sus mentiras distorsionadoras de vida, ¿cómo pueden ayudar al desarrollo de una mente espiritual, una imaginación e ideas de vida centradas en Cristo?

Muchos consejeros se pierden en esto. Dirán a sus aconsejados “que son aceptos en Cristo”, pero sólo escucharán como respuesta “yo no me siento aceptado!” Y la tentación es amonestar al que así habla para que no se apoye en sus sentimientos. Los puritanos amonestarían, pero no se quedarían ahí. Reconocían que la verdad debe penetrar hasta el corazón para que haya verdadero crecimiento, y para lograrlo hay que trabajar. Los consejeros necesitan aprender cómo comunicar “imaginativamente”, concretamente. Hay que usar ilustraciones.

 

Sobre esto, Sibbes dice en su introducción a otro libro “que dado que el camino al corazón a menudo atraviesa la imaginación, el hombre piadoso debe estudiar representaciones vívidas para ayudar la fe de otros mediante la imaginación. De hecho fue el método de enseñanza de Cristo, de expresar asuntos celestiales con ejemplos terrenales...”

 

William Ames, en su obra “La Médula de la Sagrada Divinidad” [The Marrow of Sacred Divinity], publicada mucho antes que la obra de Sibbes, escribió “tocante a la predestinación, la Escritura no explica la voluntad de Dios con reglas universales o científicas, sino que emplea narrativa, ejemplos, preceptos, exhortaciones, amonestaciones y promesas: porque la manera debe afectar la voluntad, despertar nociones piadosas, el propósito principal de la divinidad.”

 

Si bien percibimos que estos puritanos hablan de cómo predicar imaginativamente, démonos cuenta que sus palabras aplican a toda clase de comunicación, incluso consejería. El ‘arte de la ilustración’ fue central a su filosofía de la comunicación y se basaba en su entendimiento sobre la imaginación. Los mejores conferencistas puritanos literalmente inundaban sus discursos con metáforas e imágenes literarias vívidas. La imaginación es pensar viendo, distinto a la razón. La teología de Jonathan Edwards unía ambas cosas (razonar y visualizar).

 

En su libro “Afectos Religiosos” [Religious Affections] J.Edwards nombra un signo de verdadera experiencia cristiana: “nuestras mentes son iluminadas de tal modo que obtenemos visión espiritual apropiada de cosas divinas.” Edwards distingue entre dos falsas visiones de conocimiento espiritual. En una, el “simple conocimiento especulativo”. El conocimiento espiritual lleva la mente a experimentar y disfrutar, no a especular; no es algo puramente intelectual, sino conectado a los afectos. En otra, simple imaginación no es conocimiento espiritual. “Por ejemplo, cuando alguien se emociona frente a un bello atardecer, o por una idea genial o alguna otra cosa extraordinaria, concebirá algo en su mente, pero ello no tiene naturaleza instructiva. La persona no será más sabia, o sabrá más de Dios...”

 

Habiendo dicho esto, Edwards califica: “no significa que los afectos no sean espirituales por el hecho de ser despertados por algo imaginario. Cuando la mente está ocupada y la concentración es intensa, nuestra imaginación será más fuerte y las ideas más vívidas... pero hay una gran diferencia entre imaginaciones vívidas resultantes de fuertes afectos y fuertes afectos que se levantan ante imaginaciones vívidas. Es verdad que lo primero a menudo existe en muchos casos de gracia; las emociones no son producto de la imaginación ni dependen de ella, todo lo contrario, la imaginación es el efecto accidental o la consecuencia de la emoción, por causa de nuestra naturaleza humana.

 

Pero cuando los afectos provienen de la imaginación, o se construyen sobre ella -en lugar de cimentarse en iluminación espiritual- tales afectos carecen de valor.

¿Qué vemos aquí? Un balance más cuidadoso y refinado.

Como Ames, Edwards visualiza el objetivo verdad-comunicación como algo que afecta el todo de una persona. Pero Edwards es muy cuidadoso para explicar que la imaginación debe estar basada en una visión iluminada de verdad bíblica. Porque es posible elaborar ilustraciones buenas y fuertes que despierten emociones pero que no afectan el corazón, el centro de nuestro ser. Edwards advierte que nuestra imaginación debe provenir del entendimiento espiritual de la verdad.

¡Un consejero bíblico debe aprender a comunicar verdades cristianas de manera vívida! Enseñar y exhortar así como saber escuchar

 

6. Los Puritanos vieron que el remedio espiritual esencial es creer el evangelio, tanto para arrepentimiento como para el cultivo adecuado del entendimiento de uno mismo.

En este punto podemos ser concisos porque se ha venido desarrollando en todo el artículo. Hemos visto que las personas en problemas requieren doble terapia: mortificación y mente espiritual. Ambas son dos maneras de aplicar el evangelio al corazón de la persona. En la mortificación, la convicción de pecado y el consuelo provienen de miradas de fe hacia Cristo en la cruz. Es imposible mortificar la carne a menos que la conciencia esté sustentada en la convicción de que la salvación proviene de gracia, no de esfuerzos propios o incluso del arrepentimiento propio. Owen escribe: “el diario ejercicio de fe en Cristo como crucificado, este es el medio fundamental para la mortificación del pecado en general.”

 

Ahora bien, “mente espiritual” no es otra cosa que el continuo ensayo y deleite de nuestros privilegios en Cristo: acceso al Padre, ser hijos, herencia que no puede perderse, nuestra completa aceptación así como justicia forense delante del Padre. El creyente recibe poder y firmeza y gozo crecientes a medida que conocen la realidad de su posición en Cristo. El espíritu de poder proviene de llena la mente con, reflexionar sobre, actuar de acuerdo con, nuestra posición: hijos, templos del Espíritu Santo, un rey entronizado y que gobierna.

Baxter, por ejemplo, advierte que la depresión se compra “por ignorancia del evangelio, de los pactos de gracia... de que ningún pecado -no importa cuántos o cómo sean- está exento de perdón...” Discute el caso de una persona quien cree que “si su tristeza no es tan apasionada como para provocar lágrimas y aflicción entonces no alcanza perdón.” Su problema es que no consienten “ser salvos más que en sus propios términos”, en otras palabras, es autojusticia lo que mantiene alteradas a tales personas.

 

Otro ejemplo claro del uso del evangelio por los Puritanos lo provee William Bridge en su obra sobre la depresión: “A mayor humillación por el libre amor y gracia divinos, mayor humildad y menos desaliento... si quieres ser verdaderamente humilde y no desalentado [deprimido]... traza el origen de todos tus pecados en raíces de incredulidad y carga todo el peso de tus tristezas en ese pecado... si un hombre puede ver la fuente original de su pecado, lo principal, será más humilde, ¿y cuál es la fuente de pecado, de todos tus pecados? Incredulidad... si puedes presentar Dios a tu alma teniendo conciencia de Su benignidad, de su bondad intrínseca, entonces no serás nunca desalentado, sino verdaderamente humillado.”

Bridge conecta todo pecado a la incredulidad fundamental, el rechazo al evangelio. El evangelio no ablanda, nos humilla frente al pecado. Y sin embargo nos libra de desaliento porque nos hace ver nuestros pecados como cubiertos.

 

Otro puritano, William Gurnall, proporciona una detallada explicación de cómo el creyente debe “hablar consigo mismo.” He aquí la diferencia entre un cristiano y un pagano honesto. Este último se valora a sí mismo por su paciencia, temperancia, liberalidad y virtudes morales, que le colocan como superior a otros. Espera que sus prendas le recomienden ante Dios y le procuren felicidad al morir, y se gloría en ello... Pero el cristiano se jacta en el descubrimiento de Cristo, en que por fe son suyas la riqueza y santidad, y se valora a sí mismo por ello como inmerecedor, a causa de lo que es inherente en sí mismo...”

 

Justicia por obras es la raíz de toda nuestra idolatría. Para luchar contra esto es fundamental que penetre el evangelio y la justicia por fe hasta lo más profundo de nuestro corazón e imaginación. La conciencia humana enferma en lo más íntimo cuando cree que debemos contar con nuestra propia santidad y buenas obras para poder ser aceptos. Justicia por obras deriva de raíces ocultas de auto-adoración, del deseo de ser nuestro propio dios.

 

Por ejemplo, el poder del ídolo habla así al corazón: “tu vida solamente tendrá sentido, tendrás más valor como persona, si eres popular y amado entre la tropa.” Debajo de ambos ídolos yace el rebelde deseo básico de “ganarse” gloria, significación, auto apreciación de los propios esfuerzos. El impulso para alcanzar estas metas falsas está terriblemente equivocado porque es adoración. Sentimos que hemos de tener ídolos o moriremos. Sólo el evangelio nos liberta de salvación basada en esfuerzos propios. Lovelace escribe de modo sucinto que “ la fe... que se entibia en el fuego del amor de Dios es la raíz de la santidad, contrario a aquella que tiene que robar amor y auto-aceptación de otras fuentes.”

 

UN MODELO

Intentemos reunir ahora todos los elementos de la Teología Puritana en un modelo de consejería.

A. El hombre es un ser adorador de algo (Charnock).

B. El pecado produce que cada persona se adore a sí misma, sea su propio dios, auto-existente e independiente. El creyente sufre pecado remanente que ha sido destronado pero que todavía busca capturar el corazón para auto-adorarse. El creyente tiene “un nuevo hombre dentro de sí”, creado por el Espíritu (Charnock).

C. Si bien todos procuramos auto-existir, escogemos diferentes rutas para lograrlo. Creemos que podemos alcanzar auto- suficiencia mediante un ídolo. Cada hombre elabora para sí algún tipo de religión idólatra que en esencia implica auto- adoración y se expresa en auto-justicia (Charnock). Podemos citar tres formas idolátricas de la carne (Baxter):

C.1 Idolatría del Poder. “La vida solo tiene sentido -yo sólo tengo valor si- obtengo poder e influencia sobre otros.”

C.2 Idolatría de la Aprobación. “La vida solo tiene sentido -yo sólo tengo valor si- soy amado, soy popular, soy.... etcétera.”

C.3 Idolatría de la Comodidad. “La vida solo tiene sentido -yo sólo tengo valor si- obtengo tal clase de placer, tal calidad de vida.”

D. Los ídolos buscan el control al capturar la imaginación (Owen).

Nuestra característica carnal aparece en la conciencia en forma de imágenes mentales positivas de ciertas condiciones que creemos nos harán felices y plenos. Nuestros deseos o impulsos hacia estas metas son poderosos porque las metas se han convertido en objetos de adoración.

E. La imaginación ahora controlada por la carne distorsiona y miente acerca de la persona misma, del mundo, de las relaciones humanas, de Dios, de la naturaleza de las cosas (Brooks).

F. Las mentiras y distorsiones conducen directamente a pecado grosero, depresión, dureza de corazón, amargura, toda clase de conductas pecaminosas, que conducen a mayor miseria (Brooks).

G. A nivel más profundo, es fundamental erradicar ídolos mediante el proceso de mortificación (Owen).

H. A nivel de la mente, es fundamental reemplazar mentiras con meditación sobre la verdad (Owen, Brooks). Este procedimiento consuela y confronta.

I. Aniveldelaconducta,cerotoleranciaadesobediencias. Santidad de vida requiere práctica continua, disciplina y rendición de cuentas.

 

Los últimos tres acápites son inseparables. La base de cada uno es fe en la verdad del evangelio. Y fe no es simple cambio de pensamientos sino la combinación de actuar basado en la verdad, sobre la imaginación. Cuando “el fuego prende” entonces la mente se ilumina, hay convicción y gozo en las emociones y luego ocurre de modo natural el cambio de conducta. Mirar en fe hacia Cristo es el único camino para destruir anhelos idólatras porque entonces comenzamos a ver que nuestros anhelos eran caminos ilegales para llegar a ser nosotros mismos lo que Cristo es para nuestra alma.

 

ALGUNAS IMPLICACIONES PARA HOY

Es muy probable que los Puritanos no se sentirían cómodos en la mayoría de las “escuelas” existentes en el campo de consejería evangélica de hoy. Hallarían a algunos consejeros muy preocupados en “levantar la auto-estima” cuando el problema principal del hombre es su auto-adoración. Y, por otra parte, estarían en desacuerdo con aquellos que ignoran por completo e incluso rechazan la importancia de re-programar el entendimiento propio mediante la penetración del evangelio de verdad. Encontrarían a muchos consejeros bíblicos como demasiado superficiales en sus tratamientos, al pretender simples arrepentimientos de superficie y cambios de conducta.

 

Y también se encontrarían muy a disgusto con los enfoques de “sanidad interna” que virtualmente ignoran conductas y necesidad de mortificación. De hecho, los Puritanos serían muy infelices comentando sobre las “necesidades no alcanzadas” de la gente porque, en el fondo, creían que ningún hombre tiene necesidades abstractas, sólo su deseo o necesidad de adoración.

 

Como hemos señalado, los Puritanos serían incapaces de alinearse con cualquiera que enfatizara pensamientos o emociones o la voluntad (conducta) por encima de los otros aspectos del alma, o con cualquiera que enfatizara una facultad como más básica que las otras.

Los Puritanos trabajaban integrando todo el corazón -de manera “wholística” en lugar de holística- mediante enseñanza, exhortación, y consuelo.

 

Antes de finalizar, he de señalar que los Puritanos podrían aprender algo de nosotros.

Muchos de ellos temían llamar a personas no cristianas al arrepentimiento inmediato. Eran culpables de lo que se ha llamado Preparacionismo. Y muchos Puritanos definían el verdadero espiritualismo en términos tan estrictos que muchos cristianos débiles perdían seguridad sin necesidad. Como ha dicho un maestro, la red puritana “atrapaba ballenas pero dejaba escapar pecesillos.” Pero estas patologías no debieran generalizarse a todos ellos y tampoco obscurecer sus enormes contribuciones.

 

Por encima de todo, el espíritu de los Puritanos sería muy distinto al de los consejeros de hoy. Hoy, muchos carecen la firmeza, lo directo, la urgencia de los Puritanos. Muchos de nosotros hablamos muy poco del pecado, contrario a lo que hicieron nuestros padres. Y sin embargo los Puritanos fueron sorprendentemente tiernos, consoladores, llamando siempre al consejero a aceptar la gracia de Dios y a ser cuidadosos en extremo para no llamar “pecado” a un problema a menos que se hubiera analizado. Uno de sus textos favoritos fue “la caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará” (Mateo 12:20).

 

¿Cuándo veremos hombres así otra vez?

 

Tim Keller. CCEF http://www.ccef.org/puritan-resources-biblical-counseling Tim Keller is pastor of Redeemer Presbyterian Church in New York City.

This article appeared in The Journal of Pastoral Practice Volume 9, Number 3, 1988.

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